A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones

A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones

A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones

Significado

Aplica a quien tiene buena suerte, beneficios inmerecidos, aciertos que no se buscaron: a ese, hasta la perra le pare lechones, es decir, hasta el imposible se vuelve posible. Es un refrán festivo y envidioso a la vez, que reconoce que la fortuna favorece a unos más que a otros, y lo hace con una imagen chocante: la perra, que es hembra y no puede parir, pare —y pare algo insólito, un mamífero de otra especie.

La forma es una hipérbole: el favor divino se mide por el absurdo del resultado. Si la perra pare lechones, lo milagroso ya no es cuestión de que llueva o de que el negocio prospere, sino de que lo imposible deje de serlo. El refrán se usa tanto para celebrar la suerte ajena como para lamentar la propia, y a menudo para las dos cosas a la vez, en una sola frase.

Origen

Es un refrán castellano de fuerte raigambre medieval, con paralelos en el resto de las lenguas romances (en francés, «À qui Dieu veut bien faire, sa vache lui fait des veaux»). Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) y lo cataloga entre los refranes de suerte y fortuna. La forma es característica de la observación campesina: en el medio rural, donde la reproducción animal era asunto de хозяйство y de superstición, el milagro de una perra pariendo lechones condensaba todo el asombro ante la suerte desmesurada.

En México se mantuvo en uso durante el siglo XX en la conversación rural, en los pueblos, en el habla de los abuelos. Hoy se oye cada vez menos, y figura sobre todo en la literatura y en la recopilación paremiológica.

Cuándo se usa

Se usa en conversación festiva, de envidia o de sorpresa, cuando alguien obtiene un beneficio inmerecido: «A él le dieron el puesto sin concursar: a quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones». También se usa en el sentido contrario, para reconocer que la suerte de uno puede más que el esfuerzo de otro, y entonces el refrán lleva un tono de resignación: «Ni modo, hermano, a quien Dios quiere bien…».

No es un refrán apropiado en contextos religiosos formales, porque la mención de la divinidad combinada con la imagen cruda de la perra puede parecer irreverente. Pertenece más a la sobremesa, al comentario entre compadres, a la charla de cantina.

Ejemplo

—¡Qué barbaridad! Le dieron el crédito sin aval y al 5 por ciento. ¿Cómo le hizo? —A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones. No le busques explicación, que no la hay.

Curiosidad lingüística

La imagen de la perra pariendo lechones es una hipérbole zoológica absurda: la perra es hembra y, por tanto, no puede parir nada; los lechones son crías de cerdo, no de perro. El cruce de los dos imposibles da la medida del portento. En retórica, este recurso se llama adynaton (imposible) y es muy del gusto de la poesía medieval. La estructura es una cláusula condicional invertida: no dice «si Dios te quiere bien, entonces X», sino que da por sentada la condición y describe el efecto.

Variantes

Fuente

A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones
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Categorías: A, Refranes Religiosos · 20 de marzo de 2021

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Referencias