Afortunado en el juego, desgraciado en amores
Afortunado en el juego, desgraciado en amores
Significado
Expresa una supuesta ley compensatoria de la suerte: a quien le va bien en el juego le irá mal en amores, y viceversa. Es un refrán supersticioso —no tiene base empírica— pero sigue vivo porque convierte la mala suerte amorosa en consuelo del que pierde, y la buena suerte en el juego en excusa discreta del ganador.
Se usa en primera persona y con un punto de ironía:
- Quien ha ganado mucho en una partida y quiere justificarse: «ya me dirás: afortunado en el juego, desgraciado en amores».
- Quien ha perdido en el juego y busca consuelo: «me ha ido mal en las cartas, pero más vale así, que afortunado en el juego…».
Su forma bimembre (A en X, B en Y) y la rima consonante -uego / -ores lo hacen muy fácil de recordar y de versionar.
Origen
Es un refrán castellano muy usado, aunque su origen exacto es difícil de fijar. Pertenece a una familia de refranes sobre la compensación de la fortuna: «Nadie puede tenerlo todo a la vez», «El que mucho abarca poco aprieta». La idea de que el éxito en un terreno implica un fracaso en otro es una constante del pensamiento popular, y encuentra paralelos en muchas tradiciones.
La forma moderna aparece en los refraneros hispánicos al menos desde el siglo XIX, y se popularizó con el auge del juego de cartas y de los casinos en la España y la Hispanoamérica contemporáneas. Forma parte del mismo universo simbólico que el «Mal de ojo» o la «Mala sombra», creencias mediterráneas y americanas según las cuales la suerte tiene su propia economía.
Cuándo se usa
Es un refrán conversacional y mundano, típico de sobremesa después de una partida, o de un comentario jocoso sobre la vida sentimental de un amigo. No se usa en contextos formales, y nunca debe entenderse como una afirmación científica: es una broma supersticiosa con función social.
Funciona especialmente bien en dos situaciones:
- El que gana en el juego y quiere disculparse por presumir.
- El que pierde en amores y necesita una explicación ajena a su propia conducta.
Ejemplo
Andrés llevaba tres manos ganadas en el póker y una sonrisa incómoda. «No te alegres tanto», le dijo su cuñado. «Afortunado en el juego, desgraciado en amores. ¿Cuánto hace que no llamas a tu novia?».
Curiosidad lingüística
Este refrán tiene una particularidad notable: existe su inversión exacta, «Desgraciado en el juego, afortunado en amores», igualmente usada y con idéntica autoridad. El hecho de que la afirmación y su contraria circulen como refranes válidos demuestra que se trata más de una superstición compensatoria que de una observación: cada jugador elige la versión que le conviene, según gane o pierda.
Variantes
- «Afortunado en cartas, desgraciado en faldas» (forma más cruda, con juego de palabras entre faldas y cartas).
- «Afortunado en cartas, desafortunado en amores».
- «Desgraciado en el juego, afortunado en amores» (la inversión).
- «Desgraciado en amores, afortunado en el juego» (reordenada).
- «Más vale ser feo y rico que guapo y pobre» (primo lejano, de la misma familia supersticiosa).
Fuente
Redacción original.