Más se consigue lamiendo que mordiendo
Más se consigue lamiendo que mordiendo
Significado
Asegura que la amabilidad y la adulación logran más que la fuerza, la amenaza o el ataque. Lamer —en el sentido de acariciar, halagar, lisonjear— se enfrenta a morder —en el sentido de atacar, exigir, agredir— como dos estrategias opuestas de relación, y el refrán sentencia que la primera es más eficaz que la segunda. Es, en esencia, un elogio de la suavidad como instrumento de persuasión.
La forma es la de un refrán comparativo de estructura paralelística con rima consonante lamiendo/mordiendo. La métrica, breve y contundente, lo hace muy adecuado para uso proverbial: se cita en tres segundos y se entiende en uno.
En la conversación actual se usa, sobre todo, en:
- Sobre mes a familiar, donde se cita para recomendar a un hijo o a un amigo que use la mano izquierda en lugar de la derecha.
- Política y diplomacia, donde se aplica al arte de la negociación y a la gestión de conflictos.
- Comedia y Stand-up, donde aparece como muletilla de la picaresca mexicana sobre la vida social.
La Academia lo incluye en la categoría de Refranes de Adulación y lo califica de en desuso en la conversación pública, aunque plenamente reconocible.
Origen
Es un refrán mexicano documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y reeditado en línea por la Academia Mexicana de la Lengua. La forma tiene paralelos antiguos en el refranero castellano: «Más vale maña que fuerza», «Más hace una caricia que cien amenazas», «Halagos y caricias, vencen las más asperezas». La versión con el verbo lamer es de un realismo casi físico, y entronca con la costumbre canina de lamer como signo de sumisión y de búsqueda de favor.
La figura del perro que lame y del perro que muerde es uno de los recursos más antiguos de la zoología proverbial. Lamer es, en el mundo animal, la rendición blanda: el perro lame la mano del amo, lame la herida del compañero, lame el suelo donde se ha derramado la comida. Morder es, en cambio, la rendición dura: la dentellada, el ataque, la defensa. La asimilación del comportamiento humano al comportamiento canino es lo que le da al refrán su fuerza descriptiva y su aire sardónico.
Cuándo se usa
Es un refrán en desuso en la conversación coloquial, pero vigente en:
- Conversación familiar, donde se cita para recomendar tacto en el trato.
- Crónica política y de opinión, donde se aplica al arte de la negociación.
- Didáctica del comportamiento, donde se usa como ejemplo de la persuasión blanda.
Su tono es sardónico y realista, y su uso casi siempre lleva una sonrisa cómplice.
Ejemplo
El abuelo, viendo al nieto quejarse de que su jefe no le hacía caso a sus exigencias, le dijo: «Mijo, más se consigue lamiendo que mordiendo. Anda, y mañana le llevas un café, y le preguntas qué necesita. Vas a ver cómo cambia la cosa».
Curiosidad lingüística
El verbo lamer aplicado al comportamiento humano es una de las metáforas más plásticas del refranero mexicano. La imagen es doble: por un lado, alude al lenguaje canino de la sumisión; por otro, alude al lenguaje amoroso de la caricia. Decir «lamer» en lugar de «halagar» o «adular» es optar por una imagen física, casi erótica, que deja clara la naturaleza del trueque: se está dando una muestra de afecto a cambio de un favor, y la sociedad lo sabe.
Variantes
- «Más se consigue lamiendo que mordiendo» (forma canónica).
- «Más vale maña que fuerza» (pariente conceptual castellano).
- «Con buen modo se hace todo» (pariente conceptual, más amable).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).