Caballo emballestado, ni regalado
Caballo emballestado, ni regalado
Significado
Refrán ranchero que rechaza sin matices al caballo que ha contraído la emballestadura, una enfermedad de las extremidades anteriores que vuelve al animal inseguro, tropenzador y peligroso de montar. El dicho lo desahucia de forma categórica: ni siquiera regalado conviene aceptarlo, porque el riesgo de caída y de accidente se paga caro.
La emballestadura —del italiano imbastire o del catalán embastar, «hilvanar»— consiste, según Francisco J. Santamaría, en una «debilidad de las manos» que lleva al caballo a flexionar las rodillas hacia adelante y a caminar como si tuviera las manos atadas o torcidas. Tales bestias, añade, son «peligrosas de montar, porque tropiezan a menudo y llegan a caer».
Aplicado fuera del establo, el refrán conserva su lógica: hay bienes o favores que, por defectuosos, terminan costando más de lo que ahorran. A veces es preferible no recibirlos.
Origen
Es un refrán mexicano del acervo hípico del altiplano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano a partir de fuentes orales recogidas entre ganaderos, charros y médicos veterinarios. Su léxico técnico —«emballestado»— lo emparenta con los muchos refranes de oficio del campo mexicano, donde saber nombrar la enfermedad equivalía a saber rechazarla.
Pérez Martínez lo clasifica como sentencia casuística en dos hemistiquios con rima consonante (-ado / -ado), forma habitual del refranero de caballos. Su ámbito de uso original fueron las ferias de bestias, los días de yerra y las conversaciones en la galería de las haciendas.
Cuándo se usa
Es un refrán de dictamen veterinario y de prudencia comercial. Se usa:
- En la compraventa de caballos, para descartar un animal sospechoso de emballestadura.
- En la conversación rural, para descalificar a una bestia que «tropieza mucho» o «no se aguanta de manos».
- Fuera del establo, para rechazar una oferta que, aunque ventajosa en apariencia, viene cargada de problemas.
No es refrán de cortesía: condena sin dejar puerta abierta.
Ejemplo
El tío intentó regalar al muchacho un caballo «para que aprendiera», pero el abuelo lo miró caminar y dijo: caballo emballestado, ni regalado. Si te subes a ese, te rompes la cabeza antes del domingo.
Curiosidad lingüística
La palabra emballestadura es un cultismo formado a partir del italiano imbastire («hilvanar», pero también «sujetar»), y alude a la rigidez de las manos del caballo, que parecen trabadas como en un basto. Es un término que casi solo se conserva en el ámbito rural mexicano y en algunos textos veterinarios antiguos; por eso el refrán funciona también como cápsula de vocabulario que mantiene viva una palabra en desuso.
Variantes
- «Caballo emballestado, no lo quiero ni regalado» (forma explícita, más coloquial).
- «Mula emballestada, ni de broma» (aplicado a la mula, con la misma condena).
- «A caballo sin manos, no le sueltes las riendas» (refrán castellano de sentido próximo, sin la condena total).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Santamaría, Francisco J. Diccionario de mexicanismos (1959).