Caballo grullo o flor de durazno, mejor asno
Caballo grullo o flor de durazno, mejor asno
Significado
Refrán ranchero que descalifica al caballo de color grullo (un tono gris ratón, ceniciento, poco llamativo) y, en general, al caballo de pelaje flojo o dudoso, equiparado humorísticamente con la flor de durazno —el tono rosado pálido que se asocia con pelajes descoloridos—. El veredicto es categórico: en cualquiera de esos dos casos, mejor un asno.
La condena es sobre todo estética y de mercado: en la charrería y en las ferias de bestias, el color del pelaje define precio, aprecio y renombre. Un grullo o un rosado desvaído son colores que, según los criadores, no se venden bien ni lucen en la charreada. El refrán fija ese gusto sin pedir disculpas, aunque hoy pueda sonar arbitrario.
Fuera del establo, el dicho se recuerda como ejemplo de los juicios sumarios del campo mexicano: hay categorías en las que lo accesorio se vuelve esencial, y la condenación es inapelable.
Origen
Es un refrán mexicano del acervo hípico, registrado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano a partir del habla de criadores, charros y tratantes de bestias. Forma parte de la serie de refranes sobre colores de caballos que, según el propio Pérez Martínez, «dicen lo que enuncian» y dependen del sentido literal para cobrar valor.
El color grullo —gris oscuro, ahumado, a veces con viso metálico— está bien documentado en la literatura ganadera mexicana desde el siglo XIX. Era un pelaje frecuente en las piaras del altiplano y, por su abundancia, se asociaba con bestias ordinarias. La flor de durazno, en cambio, es una expresión metafórica que pinta un rosado pálido, casi enfermo. El refrán junta ambos casos bajo la misma condena.
Cuándo se usa
Es un refrán de juicio estético y comercial, válido en tres situaciones:
- En la compra de caballos, para descartar un grullo o un rosado desvaído.
- En la conversación charra, para comentar la pinta de una bestia en una feria o un remate.
- En la plática general, para ilustrar un juicio de gusto que se vive como «ley» en su mundo.
No es un refrán urbano: su uso vivo pertenece al medio rural, a las revistas de charrería y a la memoria oral de los criadores.
Ejemplo
El rematador levantó la mano hacia un tordillo pálido: «Caballo grullo o flor de durazno, mejor asno. Éste no se queda, muchachos».
Curiosidad lingüística
La forma del refrán es una sentencia casuística disyuntiva que admite solo dos entradas: el grullo o el flor de durazno. Ambas designan colores en los que la presencia del color se desvanece: ni negro ni blanco, ni rojo ni bayo, sino tonos que parecen deslavados. Esa imprecisión cromática es la que el refrán castiga, y por eso el asno —animal por antonomasia de color dudoso, gris pardo— aparece como referencia inevitable.
Variantes
- «Grullo, rucio o rosado, en el potrero se han quedado» (forma más larga, de redención dudosa).
- «Caballo rucio, ni en el juicio» (refrán castellano con la misma descalificación cromática).
- «Mula pinta, mula floja» (paralelo en el mundo de las mulas, sin la condena al asno).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).