De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo

De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo

De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo

Significado

Afirma que la falsa amistad es más peligrosa que la enemistad declarada, porque pilla desprevenido. La fórmula es una de las más citadas del refranero religioso castellano, y tiene un tono de súplica irónica: el hablante pide a Dios que lo libre de la traición, porque del enemigo declarado ya se protege él solo. La desconfianza del título es, en realidad, una alabanza de la amistad verdadera, entendida como un vínculo que no admite la sombra.

La forma es la de un refrán bimembre paralelístico del tipo «de A me guarde X, que de B me guardo yo». La estructura pone en contraste dos agentes: el amigo, cuya traición se teme, y el enemigo, cuya hostilidad se da por supuesta. La asimetría es la clave: de los enemigos ya se desconfía por instinto; de los amigos, no, y por eso el daño es mayor cuando vienen de allí.

Origen

Es un refrán castellano con raíces antiguas. Pedro Vallés lo recoge en 1549 con forma muy próxima a la actual, y la fórmula se reitera en Correas (1627) y en Sbarbi (1922). La estructura tiene un claro abolengo bíblico: el salmista ya advierte que «el hombre es compañero de quien le da el pan, y él traicionará al que le confía su secreto» (Salmo 41, 10), y la literatura sapiencial medieval recoge esa idea en colecciones de exempla que circulaban en los conventos y en los sermonarios.

En México se aclimató con naturalidad, y Herón Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán religioso que conserva su vigencia. La fórmula se cita con frecuencia en pláticas espirituales, en retiros y en conversaciones entre personas mayores que han visto, a lo largo de su vida, cómo las amistades malogradas hacen más daño que las rivalidades declaradas.

Cuándo se usa

Es un refrán de desconfianza prudente y de experiencia amarga. Se usa cuando alguien descubre que un allegado le ha traicionado, o cuando un mayor advierte a un joven que no se fíe de los afectos fáciles. Funciona muy bien en pláticas familiares, en conversaciones entre hombres, y en contextos de dolor por una traición. No conviene en conversaciones festivas, porque el tono es de advertencia seria.

Ejemplo

—Don Refugio, ¿por qué no quiere usted firmar la sociedad con su compadre? —Mire, mijo, de los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo. Con mi compadre, todo bien, pero un papel de por medio cambia las cosas.

Curiosidad lingüística

Pertenece a la familia de los refranes de la amistad traicionada, donde la ruptura del vínculo es el tema central. Es un subgénero muy nutrido del refranero castellano: «Amigo reconciliado, enemigo doblado», «Amigos al prestar, enemigos al devolver», «Quien es tu amigo, no lo es de tu amiga». La particularidad de este es la invocación divina —«me guarde Dios»— que lo entronca con la tradición de los refranes religiosos, donde la Providencia aparece como único árbitro capaz de mediar en las traiciones humanas.

Variantes

Fuente

De los amigos me guarde Dios, que de los enemigos me guardo yo
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Categorías: D, Refranes Religiosos · 20 de marzo de 2021

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Referencias