Del mar, el mero; de la tierra, el cordero

Del mar, el mero; de la tierra, el cordero

Del mar, el mero; de la tierra, el cordero

Significado

Afirma que el mero es la mejor carne del mar, y que el cordero es la mejor carne de la tierra. La fórmula no es sólo un elogio gastronómico: es una declaración de excelencia comparada, que asigna a cada medio su producto cumbre y obliga al comensal a decidir entre lo marino y lo terrestre. Es uno de los refranes de alimentos más antiguos del castellano, y su autoridad se sostiene sobre dos productos que, en la tradición cristiana y mediterránea, encabezan las mesas de fiesta.

La forma es la de un refrán paralelístico-elogioso del tipo «del A, el B; de la C, el D». La estructura bimembre y la rima interna entre mero y cordero le dan un aire de sentencia definitiva. No admite discusión: el refrán no pondera, establece una jerarquía. Esa contundencia es la que explica que se haya mantenido cinco siglos en el habla popular.

Origen

Es un refrán castellano de origen medieval, documentado al menos desde el siglo XV. El mero —pez de gran tamaño, de carne blanca y firme— ya era conocido en los mercados de la Península desde la antigüedad romana, y el cordero era, junto con el cabrito, la carne preferida en las mesas cristianas de Pascua. La fórmula se recoge en colecciones del siglo XVI y se reitera en Correas (1627) y en Sbarbi (1922).

En México se aclimató con naturalidad por dos vías: la gastronomía novohispana, que recibía mero del Caribe y del Pacífico, y la cocina pastoril, que mantenía viva la preferencia por el cordero en las regiones del Bajío y de Tlaxcala. Herón Pérez Martínez lo cita en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán gastronómico de excelencia, una categoría que en el acervo mexicano se cruza con frecuencia con las prelaciones rituales —qué se sirve primero, qué se reserva al jefe de familia, qué se ofrece al invitado—.

Cuándo se usa

Es un refrán de elogio gastronómico y de decisión culinaria. Se usa para resolver una duda de menú («¿qué pongo de plato fuerte?», «pues del mar, el mero; de la tierra, el cordero»), o para recordar al cocinero que la calidad del producto es lo que distingue una comida de otra. Funciona muy bien en la sobremesa, en el mercado y en comentarios sobre la cocina regional. Conviene en contextos de elogio, no de crítica.

Ejemplo

—Jefa, ¿qué llevo al convite de hoy? —Pues no hay que pensarlo mucho, mijo: del mar, el mero; de la tierra, el cordero. Si consigues los dos, mejor.

Curiosidad lingüística

Es un refrán donde la rima consonante entre mero y cordero no es decorativa sino estructural: une dos palabras que están en planos opuestos (mar y tierra) y las pone a la misma altura gracias al eco fonético. Esa operación es la que permite al refrán ser completamente simétrico sin perder la precisión. Es, además, un caso de refrán de excepción única: no hay segundo mejor; el mero y el cordero son, en su medio respectivo, insuperables. Esa singularidad es la que da al refrán su tono sentencioso y casi absoluto.

Variantes

Fuente

Del mar, el mero; de la tierra, el cordero
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Categorías: D, Refranes de Alimentos · 20 de marzo de 2021

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Referencias