Dios aprieta, pero no ahoga
Dios aprieta, pero no ahoga
Significado
Recomienda la conformidad en la desgracia y la confianza en Dios. La fórmula admite que la Providencia somete al hombre a pruebas duras —el aprieta— pero le asegura que la prueba no llegará a la destrucción total —el no ahoga—. Es un refrán de resiliencia teologal y de consuelo religioso, y forma parte del repertorio clásico de la predicación barroca, donde se usaba para animar a los pobres, a los enfermos y a los perseguidos.
La forma es la de un refrán bimembre divinativo del tipo «A, pero no B». La estructura es una de las más simples del castellano (sujeto + verbo adversativo + negación), y por eso la fórmula es tan directa: admite el mal, pero le pone tope. La elección de los verbos apretar y ahogar no es casual: ambos son verbos físicos, casi corporales, y por eso la fórmula se vive como descripción más que como aserción. El creyente la pronuncia sintiendo, en su propio cuerpo, la diferencia entre la opresión y la asfixia.
Origen
Es un refrán castellano con raíces que se remontan al menos al siglo XVI. La idea dialoga con un aforismo atribuido a Santa Teresa de Jesús: «Venga lo que viniere, que Dios proveerá», y con el salmo «Deus in adiutorium meum intende», donde el salmista pide socorro al Señor en la persecución. La fórmula exacta se recoge en colecciones de Correas (1627) y en Sbarbi (1922). Es uno de los refranes religiosos del castellano con mayor pervivencia en el acervo mexicano, y se cita todavía en zonas rurales, en hospitales y en pláticas de catequesis.
En México se aclimató con naturalidad en el México colonial y en las regiones evangelizadas por franciscanos y dominicos, donde la predicación recurría a sentencias breves para enseñar la doctrina de la Providencia. Herón Pérez Martínez lo cita en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán religioso de uso actual, y subraya que la fórmula se pronuncia todavía con la fe del que cree que el sufrimiento es tránsito, no destino.
Cuándo se usa
Es un refrán de consuelo religioso y de aliento en la prueba. Se usa para animar a un enfermo, a un deudo, a un pobre, o a cualquiera que esté pasando por un trance difícil. Funciona muy bien en la visita al hospital, en el pésame, en la conversación con un emigrante, y en momentos de crisis económica. Conviene en contextos serios y de confianza; no es refrán para discusiones ni para bromas.
Ejemplo
—Don Refugio, ¿cómo le va con la enfermedad? —Mal, mijo, pero Dios aprieta, pero no ahoga. Ya verá cómo de esta salgo.
Curiosidad lingüística
Pertenece a la familia de los refranes de la Providencia, donde la fe se cifra en la diferencia entre la prueba y la condena. Es un subgénero muy nutrido del refranero: «Dios da la llaga y da el remedio», «Dios aprieta, pero no ahoga», «Dios escribe derecho con renglones torcidos», «No hay mal que por bien no venga». La particularidad de este es el par de verbos físicos —apretar / ahogar— que llevan la reflexión teológica al cuerpo. Esa operación es la que da al refrán su eficacia en la predicación popular: la fe entra por el cuerpo antes que por la cabeza, y este refrán lo sabe.
Variantes
- «Dios aprieta, mas no ahoga» (variante con mas en vez de pero).
- «Dios castiga, pero no mata» (pariente estructural, con castigar y matar).
- «Dios da la llaga y da el remedio» (paralelo de la misma teología).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).