Dios nos libre de un rayo, o un gachupín a caballo

Dios nos libre de un rayo, o un gachupín a caballo

Dios nos libre de un rayo, o un gachupín a caballo

Significado

Refrán popular que, en la forma en que está consignado aquí, forma parte de los refranes procedentes de las pugnas interétnicas probablemente del siglo XIX. La fórmula es una plegaria irónica que equipara dos peligros: el rayo (el accidente natural más temible en una sociedad agrícola) y el gachupín a caballo (el peninsular recién llegado, con autoridad y dinero, montado a caballo para recorrer su encomienda). El refrán es, además, una sátira interétnica de las más feroces del acervo mexicano, y se cita todavía en la literatura de crónica y en la historia cultural.

La forma es la de un refrán divinativo-bimembre del tipo «Dios libre de A o de B». La estructura es una invocación (Dios nos libre) seguida de dos males que, lejos de oponerse, se equiparan. Esa ecuación —rayo = gachupín a caballo— es la que da al refrán su fuerza satírica: el peninsular no es un competidor comercial, es una fuerza de la naturaleza, contra la que solo cabe la plegaria.

Origen

Es un refrán mexicano registrado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y clasificado entre los Refranes de México (interétnicos). Pérez Martínez documenta que un refrán más tardío substituyó al gachupín por un pendejo: «Líbreme Dios de un rayo, de un burro en el mes de mayo y de un pendejo a caballo», o bien «Líbreme Dios de una centella o rayo, de un burro en el mes de mayo y de un pendejo a caballo». Esa sustitución léxica demuestra la circulación del refrán y su capacidad de adaptación: el blanco de la sátira cambia (de peninsular a pendejo), pero la estructura se mantiene.

El gachupín, según el Refranero mexicano y la sátira popular novohispana, quedó consignado como individuo voraz, avaro, explotador y otros rasgos más. Ya al despuntar el siglo XVII hay muestras de un filón de sátira literaria que toma como tema el asunto del gachupín. En el refranero mexicano se lo diferencia del español, y el refrán que comentamos tiene la forma de un deseo (¡que no nos caiga encima!), en todos los casos con el aire de una plegaria preventiva. La fórmula se cita con frecuencia en la literatura de costumbrismo y en la historia cultural de la guerra de Independencia.

Cuándo se usa

Es un refrán de sátira interétnica y de prevención social. Se usa para describir al recién llegado con autoridad excesiva, y se cita con frecuencia en la literatura de crítica histórica. Funciona muy bien en la conversación de sobremesa, en la historia oral, y en la crónica periodística sobre los tiempos coloniales y de la Independencia. Hoy conviene en contextos cultos donde se analiza la fórmula; en presencia de peninsulares, es directamente ofensiva.

Ejemplo

—Don Refugio, ¿y cuándo le dieron el aviso de la visita del licenciado? —Ay, mijo, cuando supe que venía el gachupín a caballo, dije: Dios nos libre de un rayo, o un gachupín a caballo. Y casi le atino.

Curiosidad lingüística

Pertenece a la familia de los refranes de la pleitesía inversa, donde se ruega a Dios que libre al pueblo de un mal que se presenta en figura humana. Es un subgénero muy nutrido del acervo mexicano: «Dios me libre de un juez y un clérigo», «Líbreme Dios de hombre sin letra y de mula sin freno», «Dios me libre de hombre que toca guitarra y de perro que ladra de noche». La particularidad de este es la imagen ecuestre: el gachupín, además de su condición de recién llegado, va a caballo, lo que añade a su figura un plus de autoridad y de peligro. Esa dupla —a caballo— es la que da al refrán su carácter ecuestre y lo separa de sus variantes posteriores, donde el jinete se banaliza hasta ser un simple «pendejo a caballo».

Variantes

Fuente

Dios nos libre de un rayo, o un gachupín a caballo
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Categorías: D, Refranes de México · 25 de marzo de 2021

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Referencias