Dios, que da la llaga, da el remedio

Dios, que da la llaga, da el remedio

Dios, que da la llaga, da el remedio

Significado

Recuerda que debemos esperar el remedio de nuestros males de la misma mano que nos los ha enviado. La fórmula es una de las más consoladoras del refranero religioso castellano, y forma parte del repertorio clásico de la predicación barroca, donde se usaba para animar a los enfermos, a los pobres y a los perseguidos. La teología que sostiene el refrán es la de la Providencia activa: Dios no solo permite el mal, sino que prepara su antídoto, y el creyente debe confiar en que la herida y la cura vienen del mismo origen.

La forma es la de un refrán divinativo-paralelo del tipo «Dios, que da A, da B». La estructura opone dos verbos simétricos —dar / dar— y dos sustantivos complementarios —llaga / remedio— con una eficacia casi de aforismo. La elección de llaga y remedio no es casual: ambos son términos médicos, y la fórmula vive de la metáfora de la consulta: el mismo médico que diagnostica receta. Esa operación es la que da al refrán su fuerza pastoral: la fe entra por la consulta, no por la teología.

Origen

Es un refrán castellano con raíces que se remontan al menos al siglo XVI. La idea dialoga con un aforismo atribuido a San Juan de la Cruz: «Para llegar a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes», y con un pasaje paulino (Romanos 8, 28): «Para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para el bien». La fórmula exacta se recoge en colecciones de Correas (1627) y en Sbarbi (1922). Es uno de los refranes religiosos del castellano con mayor pervivencia en el acervo mexicano, y se cita todavía en zonas rurales, en hospitales y en pláticas de catequesis.

En México se aclimató con naturalidad en el México colonial y en las regiones evangelizadas por franciscanos y dominicos, donde la predicación recurría a sentencias breves para enseñar la doctrina de la Providencia. Herón Pérez Martínez lo cita en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán religioso en desuso en la conversación moderna, pero todavía presente en la literatura pastoral y en la conversación entre personas mayores. La fórmula se usa también en pláticas de espiritualidad y en retiros, donde se aplica a las pruebas del camino interior.

Cuándo se usa

Es un refrán de consuelo providencial y de confianza en Dios. Se usa para animar a un enfermo, a un deudo, a un atribulado, o a cualquiera que esté pasando por un trance difícil. Funciona muy bien en la visita al hospital, en la plática espiritual, y en comentarios sobre las dificultades de la vida cotidiana. Conviene en contextos serios y de confianza; en contextos festivos, puede sonar a falsa piedad.

Ejemplo

—Don Refugio, ¿cómo le va con la enfermedad? —Mire, mijo, mal, pero me aguanto: Dios, que da la llaga, da el remedio. Ya verá cómo de esta salgo.

Curiosidad lingüística

Pertenece a la familia de los refranes de la Providencia simétrica, donde la fe se cifra en la igualdad de trato: el mismo que hiere cura. Es un subgénero muy nutrido del acervo: «Dios aprieta, pero no ahoga», «Dios da el frío conforme la ropa», «Dios consiente, mas no para siempre». La particularidad de este es la imagen médica: el refrán no se eleva a la abstracción teológica, sino que se queda en la consulta. Esa operación es la que da al refrán su eficacia con el pueblo: la fe entra por el médico, no por la teología. Es, además, un caso de refrán de antídoto: la fórmula describe la relación entre la enfermedad y su cura, y por eso pertenece al repertorio clásico de la pastoral del sufrimiento.

Variantes

Fuente

Dios, que da la llaga, da el remedio
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Categorías: D, Refranes Religiosos · 20 de marzo de 2021

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Referencias