El amigo sin dinero, ni lo busco ni lo quiero
El amigo sin dinero, ni lo busco ni lo quiero
Significado
Es uno de los refranes más cínicos del refranero mexicano: declara sin ambages que la amistad se busca entre quienes tienen dinero, y que un amigo sin caudal no merece ni el saludo. La forma es una doble negación paralelística —«ni lo busco ni lo quiero»— que intensifica el desprecio.
Leído en serio, el refrán documenta una concepción de la amistad como intercambio: el amigo vale en la medida en que puede corresponder con favores, con regalos, con dinero. La pobreza del otro no es sólo una circunstancia; es casi un defecto moral que lo invalida como compañero.
Leído en su vertiente humorística, en cambio, el refrán funciona como broma que se dice cuando un amigo no paga la cuenta, no devuelve lo prestado o no aparece con el dinero que había prometido. Es una manera de chinchar al amigo pobre, no una declaración filosófica. Esta segunda lectura es la que predomina en la conversación mexicana actual, mucho más que la literal.
En cualquier caso, el refrán pone sobre la mesa una verdad incómoda: en toda cultura, las relaciones personales se ven influidas por el dinero, y conviene reconocerlo en vez de disfrazarlo de amistad desinteresada.
Origen
Es un refrán mexicano del acervo popular, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y por el Diccionario de refranes de Sbarbi en su apartado americano. La Academia Mexicana de la Lengua lo recoge en la sección de refranes de crítica social, dentro de la categoría «Refranes de Economía».
Su estructura es netamente castellana: doble negación con valor categórico, rima consonante en los dos verbos finales («-usco / -iero»), y un refrán-receta del tipo «a tal condición, tal reacción». Tiene paralelos casi exactos en el refranero peninsular —«Sin dinero no hay amistad», «Quien no tiene padrino, no se queda bautizado»— y en el italiano «Senza soldi non si canta messa».
Su uso decayó a partir de la segunda mitad del siglo XX, cuando la cultura mexicana empezó a celebrar con más fuerza la «amistad de toda la vida» por encima de las diferencias de bolsillo. Hoy pervive como expresión de broma o de cinismo, no como regla de conducta.
Cuándo se usa
Es un refrán burlón y desenfadado, que sólo se dice entre amigos, casi siempre en tono de chanza. Funciona para reclamar el pago de una cuenta, para reírse del amigo tacaño o para criticar a quien sólo aparece cuando se trata de gastar.
No conviene usarlo en serio ni con desconocidos, porque suenan a confesión de interés que puede herir. Tampoco es adecuado en contextos donde la amistad esté en juego o donde alguien esté pasando por una mala racha económica.
Ejemplo
—Oye, ¿y por qué no invitaste a tu primo? —Porque anda sin un peso y la última vez me dejó pagando. Ya sabes: el amigo sin dinero, ni lo busco ni lo quiero.
Curiosidad lingüística
El refrán emplea la figura retórica de la conduplicación negativa —repetir la negación sobre dos verbos distintos— para producir un efecto categórico. Es la misma estructura que en «ni come ni deja comer» (el perro del hortelano) o «ni está ni se le espera». El recurso es muy del gusto del refranero castellano y le da al enunciado un aire de decisión inapelable.
Variantes
- «Sin dinero no hay amistad» (forma castellana clásica, Sbarbi 1922).
- «Al amigo y al caballo, no cansarlo» (pariente conceptual, sobre la relación con el dinero).
- «Quien da pan a perro ajeno, pierde pan y pierde perro» (refrán sobre la generosidad calculada).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).