El enamorado y el pez, frescos han de ser
El enamorado y el pez, frescos han de ser
Significado
Compara al enamorado con un pez recién sacado del agua: ambos deben ser tiernos, vivos, recientes. El símil establece una equivalencia entre la frescura del alimento y la frescura del sentimiento. El enamorado «fresco» es el que todavía no ha sido curtido por decepciones, el que mira con ojos nuevos, el que todavía cree en lo que dice. El que lleva años de relaciones turbulentas, en cambio, está «pasado», «roñoso», «gastado», como un pez de tres días al sol.
El refrán también alude a la conveniencia de la novedad en el cortejo: el pretendiente reciente, aún sin «resabios» de otros amoríos, es más agradable que el veterano que arrastra historias. Es, en el fondo, una defensa del ímpetu juvenil y de la sinceridad del primer sentimiento.
Origen
Es un refrán castellano con ascendencia en la cultura mediterránea, donde el pescado fresco era —y es— un bien preciado. La comparación entre el enamorado y el pez tiene raíces en la lírica clásica: el poeta Ovidio ya advertía en Ars amatoria que el amor, como el pescado, se echa a perder si se guarda demasiado. En el refranero castellano, Correas (1627) y Sbarbi (1922) recogen la fórmula.
En México se considera de uso «poco frecuente» en la conversación actual, pero su imagen es bien conocida en regiones costeras y en zonas de tradición pesquera, donde la «frescura» sigue siendo un valor gastronómico y moral de primer orden. La cultura popular mexicana hace un uso humorístico del símil en frases como «ese sí que está fresquecito», aplicable tanto a un pescado como a un joven en pleno romance.
Cuándo se usa
Es un refrán de consejo galante, apropiado para aconsejar a alguien que está en el inicio de un noviazgo. Funciona muy bien en la conversación entre personas mayores que hablan de los jóvenes, y en la confidencia amorosa. No es adecuado para usarlo en tono doctoral: pertenece al guiño, a la media sonrisa. Usarlo bien es admitir, con quien lo escucha, que el entusiasmo inicial es algo que merece ser protegido.
Ejemplo
—Mira a tu nieto, qué manera de mirar a esa chica. No le quita los ojos de encima. —Es que el enamorado y el pez, frescos han de ser. Mientras siga así, déjalo que goce, que el tiempo ya se encargará de moderarlo.
Curiosidad lingüística
La estructura paralela («el enamorado / y el pez») es una de las figuras retóricas más antiguas y más queridas del refranero castellano: la cópula «y» iguala dos términos de campos distintos, y la conclusión común los hermana en una sola propiedad. La palabra «fresco» en su uso castellano conserva el matiz etimológico de «recién hecho», «reciente», lo que le da al refrán una cualidad temporal: no se trata sólo de un estado, sino de una ventana de oportunidad. En el español mexicano actual, «fresco» se usa también como elogio de la frescura de carácter: «¡qué fresca eres!», dicho con admiración.
Variantes
- «El enamorado, como el pan, tierno ha de ser» (variante con «pan»).
- «El amor, como el vino, nuevo ha de beberse» (pariente conceptual).
- «La mujer y el pescado, frescos han de ser» (pariente, versión sexista histórica).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).