El fierro, al caballo, al pelo; y a la res, al cuero
El fierro, al caballo, al pelo; y a la res, al cuero
Significado
Es un refrán de oficio que indica dónde se aplica el fierro —es decir, el hierro de marcar, la marca candente del ganado— según el animal. En el caballo, el fierro se pone sobre el pelo, porque la marca debe ser visible y porque la piel del equino no se aprovecha después. En la res (el ganado bovino), el fierro se aplica directamente al cuero, que es lo que se aprovechará cuando el animal se sacrifique.
La distinción no es caprichosa: en el caballo, que se mantiene vivo y se usa para el trabajo o la monta, la marca debe verse sin necesidad de pelar la piel. En la res, que va al rastro, la marca queda en el cuero, y de ese cuero marcado se hace el lance o el gamulán que identifica la propiedad del animal una vez sacrificado.
Es un refrán técnico-práctico, propio de la cultura ganadera, y forma parte del saber de herraderos, mayorales y caporales.
Origen
Es un refrán mexicano de uso ranchero, recopilado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y recogido en la edición académica de la Academia Mexicana de la Lengua. Pertenece al acervo de la ganadería novohispana y decimonónica, cuando la marca del ganado era el principal título de propiedad y la principal forma de evitar robos de animales.
El fierro (del latín ferrum, «hierro») tenía en el rancho una importancia casi notarial. Cada hacienda tenía el suyo, registrado ante el juez, y aplicarlo correctamente era cuestión de oficio. Los herraderos —reuniones anuales para marcar las crías— eran eventos sociales y económicos de primer orden, y los dichos en torno a esa práctica formaban un pequeño corpus paremiológico del que este refrán es una de las piezas mejor conservadas.
Su forma es una receta bimembre con estructura «a A, B; a C, D», que se aplica con limpieza paralelística: el primer par marca a un animal vivo, el segundo a un animal destinado al desuello.
Cuándo se usa
Es un refrán de uso estrictamente ganadero, sin aplicación metafórica habitual. Se usa entre herreros, mayorales, caporales y criadores, y en conversaciones donde se discute la técnica del herrado.
No es un refrán para la conversación urbana contemporánea, pero conserva valor documental y forma parte de la memoria del campo mexicano.
Ejemplo
El herrero del rancho tomó la marca candente y le dijo al muchacho: «Pon atención: el fierro al caballo al pelo, y a la res al cuero. Si te equivocas, marqué al animal donde no debías, y eso es dinero perdido».
Curiosidad lingüística
El término «fierro» en el español de México no significa sólo el metal: por extensión, designa la marca misma y, en algunas regiones, al dueño del ganado («ése es del fierro de San Juan»). Herón Pérez Martínez documenta esa extensión semántica como una de las particularidades del habla ganadera mexicana.
Variantes
- «El fierro al caballo, en el anca; a la res, en la paleta» (forma con indicación anatómica precisa).
- «Al ganado vacuno, al cuero; al caballar, al pelo» (forma abreviada).
- «Hierro en pelo, cuero en res» (forma telegráfica, sólo para entendidos).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).