El que desde chico es guaje, hasta acocote no para
El que desde chico es guaje, hasta acocote no para
Significado
Quien desde pequeño muestra poca cabeza, tonto se queda hasta de viejo. La forma es la de un refrán sentencioso del tipo «el que desde X, hasta Y», que describe un proceso irreversible: el destino del guaje es terminar convertido en acocote.
Literalmente, el enunciado describe un proceso natural del mundo pulquero: un guaje —calabaza inútil para el tlachiquero— que al crecer y endurecerse se vuelve acocote, la calabaza larga y hueca que sirve para succionar el aguamiel del maguey. La moraleja opera por contraste: así como la calabaza tiene un destino fijo, el carácter de una persona se define en la infancia y no se corrige con los años.
Paremiológicamente, el refrán toma la palabra guaje en su acepción coloquial mexicana de tonto, tarugo, pendejo, y lanza una condena sin apelación: no hay madurez que arregle lo que la cuna ya torció.
Origen
Es un refrán mexicano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano con la clave F. 66. Pérez Martínez lo sitúa entre los dichos nacidos en el entorno de las haciendas pulqueras del Altiplano Central —Puebla, Hidalgo, Tlaxcala—, donde los términos guaje y acocote formaban parte del vocabulario cotidiano de los tlachiqueros.
Su construcción es típicamente campesina: une una observación botánica (el guaje crece y se transforma en acocote) con una sentencia moral sobre el carácter humano. La metáfora es tan plástica que el refrán se difundió más allá del ámbito pulquero hasta instalarse en el habla popular mexicana como una manera contundente de sentenciar que la estupidez infantil es incurable.
Hoy es un refrán de uso decreciente entre las nuevas generaciones, pero se conserva en los refraneros académicos y en la memoria oral de las zonas rurales.
Cuándo se usa
Es un refrán mofador y sentencioso, sin sutileza. Funciona:
- Para regañar a un adulto que sigue actuando con inmadurez: «a sus cuarenta años y todavía hace tonterías: el que desde chico es guaje, hasta acocote no para».
- En la conversación familiar, cuando se comenta que un hijo salió igual que el padre en sus peores rasgos.
- Como explicación resignada más que como consejo: no es un llamado a corregirse, sino una constatación de que no se corregirá.
No es adecuado en contextos formales ni para hablar de personas con discapacidad, porque su lógica presupone que la «tontera» es un defecto del carácter y no una condición. Usarlo contra alguien vulnerable es crueldad.
Ejemplo
El abuelo veía a su nieto desperdiciar cada oportunidad que le daban y movía la cabeza: —El que desde chico es guaje, hasta acocote no para. Su papá fue igual y mírelo dónde acabó.
Curiosidad lingüística
El refrán esconde un juego de campos léxicos: guaje y acocote son los dos extremos de un mismo fruto (calabaza de la familia de las cucurbitáceas), pero en la jerga pulquera han pasado a designar dos categorías opuestas. El paso de uno a otro es lineal e irreversible, lo que da al refrán su fatalismo. Es uno de los casos en que la forma botánica dicta la sentencia moral.
Variantes
- «El que de niño es guaje, hasta acocote no para» (forma registrada por Pérez Martínez, F. 66).
- «El que de chico es pendejo, de grande es pendejón» (variante más cruda, del mismo campo semántico).
- «Guaje de nacimiento, hasta la tapa del ataúd» (pariente conceptual).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).