El que desde niño es guaje, hasta acocote no para
El que desde niño es guaje, hasta acocote no para
Significado
Quien desde la infancia muestra poca cabeza, tonto se queda hasta la vejez. La forma es la de un refrán sentencioso del tipo «el que desde X, hasta Y», que describe un destino que se considera sellado.
Literalmente, el enunciado recorre el camino de un fruto del campo: el guaje —calabaza de cáscara dura, vaciada y secada para usarse como vasija— al crecer y alargarse se convierte en acocote, la calabaza horadada por ambos extremos que los tlachiqueros empleaban para chupar el aguamiel del maguey. Lo que en el campo es un proceso natural se traslada a la vida humana: el carácter se forma en la infancia y de adulto ya no se enmienda.
En el habla popular mexicana, guaje vale por tonto, y la palabra acocote se usa metafóricamente para designar al adulto que sigue siendo inútil. La sentencia tiene un tono fatalista y moralizante: no se trata de un consejo para corregirse, sino de la constatación resignada de que no hay corrección posible.
Origen
Es un refrán mexicano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano con la clave F. 66. Pérez Martínez lo adscribe al ámbito de las haciendas pulqueras del Altiplano —Hidalgo, Puebla, Tlaxcala—, donde el léxico del maguey y sus derivados era vocabulario de uso común entre los trabajadores del pulque.
La metáfora es típicamente rural: de un lado el mundo vegetal (calabazas que maduran y se transforman), del otro la sentencia sobre la condición humana. Esa trasposición del campo a la moral es uno de los mecanismos más frecuentes del refranero mexicano del siglo XX.
Pérez Martínez recoge una variante con de niño en lugar de desde chico, y precisa que guaje y acocote son tecnicismos pulqueros que un mexicano urbano del siglo XXI ya no reconoce, lo que contribuye al declive del refrán.
Cuándo se usa
Es un refrán rotundo, sin paliativos. Se usa:
- Para sentenciar que un adulto ya no cambiará: «a los cincuenta y sigue igual; el que desde niño es guaje, hasta acocote no para».
- En la conversación familiar, cuando un padre comenta las travesuras del hijo imitando las del abuelo.
- En tono de resignación cómplice más que de burla cruel: en boca de quien entiende que hay limitaciones que no se superan.
No es adecuado en contextos académicos ni para diagnosticar condiciones reales. Aplicarlo a personas con discapacidad cognitiva resulta hiriente, porque el refrán presupone un defecto del carácter y no una condición.
Ejemplo
—¿Y tu hermano?, ¿ya se compuso? —¡Qué va! El que desde niño es guaje, hasta acocote no para. Le avisaron tres veces del trabajo y las tres se le olvidó.
Curiosidad lingüística
El refrán muestra un caso muy mexicano de polisemia rural: guaje y acocote designan, en sentido estricto, dos etapas o dos formas del mismo fruto; en sentido figurado, designan dos etapas o dos formas de la estupidez humana. Esa correspondencia término a término entre el mundo vegetal y el mundo moral es lo que le da al dicho su fuerza plástica: se entiende aunque no se conozca el pulque, y por eso pervive en la memoria aunque el contexto pulquero haya desaparecido.
Variantes
- «El que desde chico es guaje, hasta acocote no para» (forma gemela, registrada por Pérez Martínez).
- «El que nace pa’ tamal, del cielo le caen las hojas» (pariente conceptual, del mismo fatalismo).
- «De guaje a acocote, sólo cambia el agujero» (variante jocosa moderna).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).