El que presta la mujer para bailar o el caballo para torear, no tiene que reclamar
El que presta la mujer para bailar o el caballo para torear, no tiene que reclamar
Significado
Hay bienes que no se prestan sin perderlos: quien los presta, asume el riesgo y no tiene derecho a quejarse de las consecuencias. La forma es la de un refrán sentencioso del tipo «el que hace X, no tiene que Y», con cierre conclusivo.
El enunciado enuncia una verdad de la vida ranchera mexicana: para un hombre del campo hay tres cosas que no se prestan nunca —la mujer, el caballo y el rifle— porque quien las recibe las usa a su manera, las luce a su manera y, a menudo, no las devuelve. Si lo hace, ya es demasiado tarde.
Paremiológicamente, el refrán no es una receta ética universal: es un diagnóstico de un mundo, el del rancho mexicano decimonónico, donde la honra, la hombría y la propiedad se medían por la capacidad de no compartir lo íntimo ni lo valioso. La sentencia no juzga al que recibe lo prestado, sino que cierra la boca al que lo prestó.
Origen
Es un refrán mexicano nacido en la cultura ranchera del Bajío y el Altiplano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Pérez Martínez lo encuadra entre los refranes que cifran una moral de posesividad masculina característica del México rural de los siglos XIX y XX, en una sociedad donde la mujer del rancho era un bien simbólico del varón tanto como la yegua o el mejor caballo.
Su estructura bimembre —«la mujer para bailar / el caballo para torear»— responde a la rima consonante entre los dos hemistiquios y a la costumbre paremiológica de paired opposites (lo femenino con lo equino, lo íntimo con lo mostrable). Es un caso típico del paralelismo ranchero mexicano, donde la mujer y el caballo se equiparan en tanto que bienes de hombría.
Cuándo se usa
Es un refrán machista en su enunciado, pero vigente en su lógica de prudencia. Funciona:
- Para regañar a quien prestó algo que sabía que no debía: «te dije que no le prestaras el coche, y ya ves: el que presta la mujer para bailar o el caballo para torear, no tiene que reclamar».
- En un sentido más general, para recordarle a alguien que asumir un riesgo voluntariamente excluye el derecho a la queja.
- En la conversación jocosa, para comentar la mala suerte de quien confió demasiado.
En la conversación actual, el refrán conserva su utilidad como refrán de prudencia (no prestes lo que te importa), aunque el primer término —«la mujer para bailar»— resulta anacrónico y ofensivo si se aplica literalmente. Por eso se suele usar solo el segundo hemistiquio o se reformula.
Ejemplo
—Le presté mi camioneta al compadre para irse de viaje y me la regresó con el clutch quemado. —Pues ahí tienes: el que presta la mujer para bailar o el caballo para torear, no tiene que reclamar.
Curiosidad lingüística
El refrán es un ejemplo de paralelismo ranchero que equipara sistemáticamente a la mujer y al caballo: en otros refranes del mismo corral temático se oyen variantes como «el caballo y la mujer, a nadie has de ofrecer», «el caballo y la mujer, donde se puedan ver» o «de pecho y de anca se han de escoger». Ese campo léxico unificado —mujer/caballo— es uno de los rasgos de género más persistentes del refranero mexicano decimonónico, y leerlo hoy exige entender su contexto sin absolverlo.
Variantes
- «El que presta la mujer para bailar y el caballo para torear, no tiene que reclamar» (forma con conjunción copulativa, registrada por Pérez Martínez).
- «El que presta el rifle o la mujer, no debe de volver a quejarse» (variante que suma un tercer bien de hombría: el rifle).
- «Quien presta, pierde» (pariente conceptual genérico, panhispánico).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).