Hace la barba el barbero casi siempre por dinero
Hace la barba el barbero casi siempre por dinero
Significado
Quien adula o lambiscea lo hace casi siempre por interés. La forma es la de un refrán declarativo y sentencioso con verbo único y dos atributos encadenados (casi siempre / por dinero) que cierran la sentencia.
El doble sentido es la clave del refrán: en el habla popular mexicana, «hacer la barba» significa adular, lisonjear, decir a alguien lo que quiere oír. La expresión tiene un origen físico evidente —la acción de afeitar, que pone al cliente en posición vulnerable y exige confianza—, pero su uso metafórico se generalizó para nombrar la adulación interesada. La palabra barbero pasó, en muchos contextos, a ser sinónimo de lambiscón o pelotillero.
Pérez Martínez precisa que la fórmula «casi siempre por dinero» no niega la existencia de la adulación desinteresada, pero señala que el móvil más frecuente de quien «hace la barba» es el provecho propio.
El refrán se construye con dos hemistiquios octosílabos en rima consonante (barbero / dinero en la terminación -ero), una de las estructuras métricas más productivas del refranero mexicano.
Origen
Es un refrán mexicano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Pérez Martínez lo emparenta con la larga familia de refranes que sospechan del elogio fácil: «Alábate pavo, que mañana te guisan», «Cuando el vino entra, la verdad sale», «Burlas, veras, todo es cortesía».
La expresión hacer la barba es de uso muy antiguo en el español americano. Hay constancia de ella en el habla popular mexicana desde al menos el siglo XIX, y se ha mantenido viva hasta hoy. En el español peninsular existe un equivalente con el verbo «dar coba», de origen caló, y la expresión «pelotillero» o «chupamedias» en otras regiones.
La condición del barbero en el México de los siglos XIX y XX —pequeño comercio, clientela fija, necesidad de ganarse la vida— favorecía la adulación como estrategia de retención del cliente. De ahí que la palabra barbero haya cristalizado como sinónimo de quien profesa una amabilidad interesada.
Cuándo se usa
Es un refrán crítico y desconfiado. Funciona:
- Para rechazar un elogio sospechoso: «no me hagas la barba, que algo quieres».
- Para advertir a un tercero de que está siendo manipulado: «no le creas, ése te hace la barba nomás para sacarte dinero».
- En la conversación política, para descalificar a un aliado oportunista.
Es un refrán que no se usa en presencia del adulado, salvo como guiño irónico. Su uso es, en general, despectivo.
Ejemplo
—Es que el licenciado me dijo que mi proyecto es brillante. —Pues no te confíes, que hace la barba el barbero casi siempre por dinero. A ver qué te quiere pedir.
Curiosidad lingüística
El refrán es un caso de metonimia lexicalizada: la palabra barbero (el que afeita) ha terminado por designar al adulador por extensión metafórica. Esa extensión no es caprichosa: en la operación de afeitar, el barbero tiene al cliente en sus manos literalmente, y por eso la asimilación con quien «tiene a otro en sus manos» (en el sentido de manejarlo) es fácil. Es uno de los procesos de gramaticalización cultural más transparentes del español mexicano.
Variantes
- «Hacer la barba, oficio de lambiscón» (variante más explícita, popular en el altiplano).
- «El barbero y el lambiscón, viven de la adulación» (pariente conceptual).
- «No te haga la barba nadie que no coma de tu pan» (variante desconfiada, registrada en Jalisco).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).