Hombre jugador y caballo corredor, pierden muy pronto el honor
Hombre jugador y caballo corredor, pierden muy pronto el honor
Significado
El refrán empareja dos figuras, el jugador y el caballo corredor, y los presenta como ejemplos de una misma locura: la de vivir en un frenesí permanente, ya sea en la mesa de juego o en la pista, y de arruinar por ello lo único que les da valor: el honor, que en el caso del hombre es la fama, la vergüenza, la dignidad, y en el caso del caballo es la casta, la hacienda, el reconocimiento del amo.
La idea central es la de la compulsión: el jugador, en su afán por recuperar lo perdido, lo pierde todo y se queda sin palabra; el caballo corredor, exigido más allá de sus fuerzas, se lesiona, envejece antes de tiempo y termina en el rastro o en el peor establo. En ambos casos, la desmesura acaba con la sustancia.
El refrán pertenece a la familia de sentencias que hermanan a hombres y animales en una misma crítica moral: «Perro que mucho corre, pronto se cansa», «Águila que mucho vuela, antes se despluma». La asociación es deliberada, y el efecto es una deshumanización crítica: quien así se porta, parece perder lo que lo distingue del animal.
Origen
Es un refrán mexicano de amplia circulación, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Procede del ambiente hípico y de la cultura del juego que florecieron en el México del siglo XIX y principios del XX, cuando las carreras de caballos y las mesas de apuesta eran los grandes pasatiempos de la clase acomodada y de los nuevos ricos porfirianos.
Su forma es la de un dístico bimembre con rima consonante (–ador / –onor) y dos hemistiquios unidos por una conjunción copulativa. La estructura «X e Y, pierden Z» permite establecer una comparación implícita: si el jugador y el caballo comparten suerte, entonces la pasión del juego degrada al hombre al nivel del animal obligado a correr.
Cuándo se usa
Es un refrán de crítica social y de advertencia familiar. Se usa contra el marido o el hijo que se ha entregado al juego y va desangrando la hacienda; también, por extensión, contra el negociante que se lanza a una operación ruinosa por ambición desmedida. Su tono es grave, no festivo: se dice para detener, no para reír.
No es un refrán para contextos alegres: pertenece a la conversación seria, a la advertencia familiar, a la consejería.
Ejemplo
El joven había empeñado el reloj del padre, los aretes de la madre y la sortija de la abuela para pagar una deuda de póker. Cuando el tío le salió al paso, le dijo: «m’hijo, hombre jugador y caballo corredor, pierden muy pronto el honor. Ya basta, ¿no le parece?».
Curiosidad lingüística
La fórmula es un caso notable de refrán comparativo bimembre, donde los dos hemistiquios se necesitan mutuamente para construir el sentido. Quitar al jugador o quitar al caballo deja al refrán mutilado: la lección sólo se entiende cuando se ve al hombre y al animal correr la misma suerte. Es uno de los procedimientos favoritos del refranero: animalizar al hombre para humillarlo, o humanizar al animal para enaltecerlo. Aquí se usa la primera estrategia, y por eso la advertencia pesa.
Variantes
- «Hombre jugador y caballo corredor, pierden muy pronto el honor» (forma canónica).
- «Jugador y trotón, pronto se quedan sin función» (pariente moderno, no tradicional).
- «El jugador siempre pierde, y cuando gana, no sabe qué hacer con la plata» (pariente conceptual).
- «Caballo viejo y tahúr, del juego ya están hartos» (variante rimada alternativa).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).