La cobija y la mujer, suavecitas han de ser
La cobija y la mujer, suavecitas han de ser
Significado
Asegura que dos cosas del ámbito doméstico —la cobija y la mujer— deben ser suaves, una por confortable y la otra por su trato. La forma es una comparación por yuxtaposición («X y Y, adjetivo han de ser»), típica de los refranes breves del hogar mexicano, y funciona como regla de preferencia: se prefiere la cobija mullida y la pareja de genio apacible, y se desdeña la aspereza en ambas.
El refrán pertenece a la gran familia de comparaciones por el varón donde la mujer queda definida desde la mirada masculina, al lado de un objeto de uso cotidiano. Hoy se cita sobre todo como muestra de un ideal de feminidad doméstica decimonónico, ya en desuso.
Origen
Es un refrán mexicano, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano, y forma parte del caudal de comparaciones surgidas en el ámbito rural del norte y centro del país, donde la cobija (del latín coperire, «cubrir») era la prenda de abrigo por excelencia, más típica de la casa que la frazada peninsular.
Su milieu cultural es la cocina-habitación de la casa ranchera: el mismo cuarto donde se come, se duerme y se convive, y donde la calidad de la cobija determinaba el sueño, igual que el carácter de la mujer determinaba el ambiente. La suavecitas de la cobija se medía con la mano; la de la mujer, con la convivencia diaria.
Cuándo se usa
Es un refrán de conversación íntima y tono sentencioso, muy del habla popular. Funciona en:
- La sobremesa familiar, cuando alguien pondera la suavidad de una prenda recién comprada.
- La plática entre madres que evalúan pretendientes para una hija: «a ver si es suavecita, porque la cobija y la mujer…».
- La ironía, cuando alguien alude a una mujer de trato áspero o a una cobija rasposa.
Hoy se usa poco fuera de contextos rurales o jocosos, y se cita más como ejemplo del ideal femenino tradicional que como consejo vigente. En la conversación moderna aparece seguido del contrapunto: «sí, pero la dureza a veces también sirve».
Ejemplo
—Mamá, ¿por qué insistes tanto en que la cobija sea de lana y no de polar? —Porque la cobija y la mujer, suavecitas han de ser, hija. Si te acuestas con algo rasposo, no descansas, y si vives con alguien áspero, tampoco.
Curiosidad lingüística
La forma «suavecitas», en diminutivo plural, no describe sólo la textura: añade un matiz de ternura y predicación afectiva. Es el mismo tono que el mexicano usa para hablar de la tortillita caliente, del cafecito de la mañana, del niñito dormido. El diminutivo convierte el refrán en una especie de caricia verbal.
Variantes
- «Cobija nueva y mujer nueva, suavecitas han de ser» (forma extendida con la palabra nueva).
- «La cobija, el rebozo y la mujer, a la hora del frío se conocen» (versión con tres términos).
- «Más vale cobija remendada que mujer malhumorada» (variante jocosa).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).