La lengua y los caballos son fáciles de mover
La lengua y los caballos son fáciles de mover
Significado
Advierte que la lengua (las palabras) y los caballos son igualmente fáciles de poner en movimiento y, por tanto, igualmente difíciles de detener. Quien suelta una palabra suelta un caballo: ambos corren solos, sin que su dueño pueda siempre recobrarlos. La forma es bimembre y equativa, y compara dos potencias del cuerpo —la verbal y la ecuestre— que comparten la misma condición.
El refrán no condena la lengua ni el caballo, pero sí previene sobre los efectos no intencionales de soltarlos. Decir lo primero que se piensa, o arrancar a galope, expone a quien lo hace a consecuencias que ya no controla. Pertenece a la gran familia de sentencias que recomiendan medir antes de actuar, y se emparenta con el castellano «La lengua no tiene hueso, pero corta lo más teso» y con el inglés «A word once spoken is past recalling».
Origen
Es un refrán mexicano con fuerte raigambre ranchera, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Su originalidad frente a los refranes castellanos sobre la lengua está en el carácter ecuestre del segundo término, que sólo se explica en un país donde el caballo de monte, el garañón y la yegua de rancho eran parte del paisaje diario desde el siglo XVI hasta bien entrado el XX.
El charro y el vaquero mexicano eran duchos en advertir a los aprendices que un caballo «arrancado» no se detiene, y la metáfora se aplicó con naturalidad al habla: si la cabalgadura escapa, el jinete se la lleva por delante; si la lengua se desboca, el hablante arrastra a su familia, su reputación o su negocio.
Cuándo se usa
Es un refrán de amonestación cariñosa y se usa cuando alguien:
- Está a punto de soltar un secreto o un comentario inoportuno: «no le digas nada a tu mamá, que la lengua y los caballos son fáciles de mover».
- Se ha metido en una conversación donde las palabras se le están escapando: «ya hablé de más, me dejé llevar».
- Ha emprendido una acción o un camino del que ya no puede arrepentirse: «arranqué el negocio y ahora no sé cómo pararlo».
Funciona mejor en confianza. En un contexto formal se prefiere «cuide sus palabras» o «mida sus consecuencias».
Ejemplo
—No le vayas a contar a nadie lo del embarazo de Mariana. —Tranquilo, carnal. Ya sé que la lengua y los caballos son fáciles de mover: una vez que sueltas la rienda, ya no alcanzas a recoger nada.
Curiosidad lingüística
La forma es bimembre y yuxtapuesta, con sujeto doble y predicado único: «la lengua y los caballos» (sujetos) + «son fáciles de mover» (predicado). La sintaxis de paralelismo hace que la mente establezca la equivalencia antes de que el refrán concluya, y por eso el impacto se produce ya en el primer hemistiquio, antes de llegar al verbo.
Variantes
- «La lengua no tiene hueso, pero corta como un estoque» (castellana, sólo lengua).
- «Caballo desbocado, jinete perdido» (sólo caballo).
- «Lengua y espada, no hay quien las guarde» (pareada, con la misma idea de doble filo).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).