La mujer, alta y delgada; y la yegua, colorada
La mujer, alta y delgada; y la yegua, colorada
Significado
Compara dos preferencias estéticas del mundo ranchero: una mujer se prefiere alta y delgada, igual que una yegua se prefiere colorada (alazana o retinta). La forma es bimembre y yuxtapuesta, con punto y coma interior, y rima asonante en -ada; las dos cláusulas son paralelas y van al ritmo de un pareado.
El refrán es uno de los más transparentes del corpus charro: aplica al ganado equino los mismos criterios con que se mide a la mujer, sin distinguir uno de otro. Pertenece a la familia de Refranes de la Mujer recogidos por Herón Pérez Martínez y refleja un ideal de belleza femenino visto desde la cosmovisión del rancho, donde la yegua colorada era pieza de lujo, de raza y de orgullo.
Origen
Es un refrán mexicano de ambiente ranchero, documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano. Procede del mundo de las haciendas pulqueras y ganaderas del Altiplano Central, donde la yegua colorada —alazana, retinta o zaina— era el équido preferido para la monta, el trabajo y la presentación. La elección del color obedecía a motivos prácticos (resistencia al sol) y de prestigio (visibilidad en el campo, vistosidad en las ferias).
El refrán se apoya en esa equivalencia cotidiana: el mismo ojo que elige una yegua por su alzada y su color aplica, sin transición, los mismos criterios a la mujer del rancho. Hoy se oye poco, pero sigue siendo una pieza arqueológica del imaginario charro, citada en estudios de la cultura hípica y en recopilaciones de Pérez Martínez.
Cuándo se usa
Es un refrán de plática ranchera y, por extensión, de reflexión cultural:
- En las ferias y exhibiciones ganaderas, donde la elección de los ejemplares sigue criterios parecidos.
- En la conversación que cita el refranero como expresión de una mirada patriarcal: «antes se decía que la mujer, alta y delgada, y la yegua, colorada; menos mal que hoy hay otros ojos».
- En estudios de historia cultural, como botón de muestra del cruce entre estética equina y femenina en el campo mexicano.
Ejemplo
—Mire, patrón, la yegua nueva sí está fina: retinta, larga, de buen paso. —Pues ya ve usted: la mujer, alta y delgada, y la yegua, colorada. Y las dos son de verse.
Curiosidad lingüística
La comparación mujer / yegua no era percibida como agravio en el contexto ranchero donde nació: era la lógica del ganadero que evalúa sus bienes y sus afectos con el mismo rasero. Esa traslación, que hoy suena inaceptable, es lo que vuelve al refrán un documento de la cultura porfiriana: a través de él se mide cuánto han cambiado las formas de nombrar.
Variantes
- «La yegua colorada y la mujer delgada, de lejos se conocen» (forma extendida con paralelismo de color y figura).
- «Garañón que no relincha, que lo capen» (mismo corpus charro, mismo universo de selección equina).
- «El caballo alazán, el gallo colorado y la mujer, delgada y alto el cuello» (tríptico comparativo, de la misma lógica de equivalencias).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).