La mujer buena no tiene ojos ni orejas

La mujer buena no tiene ojos ni orejas

La mujer buena no tiene ojos ni orejas

Significado

Asegura que la mujer virtuosa es, en sentido figurado, ciega y sorda: no mira a otros hombres ni escucha sus palabras. La negación simultánea de los dos sentidos (vista y oído) insiste en una virtud puramente pasiva: la buena mujer se define por lo que no ve ni oye —es decir, por su capacidad de no percibir la tentación.

El refrán es uno de los más extremos del corpus misógino mexicano y forma tríptico con otros dos —«La mujer honesta nunca debe creerse sola» y «La mujer y el perro se ganan el pan a base de caricias»— en la codificación patriarcal de la feminidad. Hoy se cita casi únicamente como testimonio de una educación sentimental que se daba a las jóvenes mexicanas en el siglo XIX y la primera mitad del XX.

Origen

Es un refrán mexicano documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano, dentro de la sección de Refranes de la Mujer. Hereda la larga tradición castellana que exalta la honestidad femenina como encerramiento perceptivo: «Mujer que mucho mira, poco mira», «La mujer y la gallina, por andar se pierde la niña», todos refranes que en el fondo recomiendan la reclusión y la limitación sensorial como estrategia de honra.

En la cultura mexicana decimonónica, la vigilancia sobre la vista y el oído de las jóvenes era constante. Las ventanas de las casas se mantenían entornadas, los paseos al mercado eran vigilados, y el qué dirán pesaba más que la propia voluntad. El refrán condensa esa presión en una imagen de los órganos privados: la mujer buena no usa los ojos, ni las orejas.

Cuándo se usa

Es un refrán de escaso uso actual y se oye:

Ejemplo

—Mamá, ¿por qué me regañas si nomás vi pasar al muchacho del 14? —Porque la mujer buena no tiene ojos ni orejas, hija. Para eso Dios te dio el sentido común: para no usarlo en lo que no te conviene.

Curiosidad lingüística

El refrán aplica a la mujer el contrario de lo que se diría del santo, del explorador o del sabio: en vez de «verlo todo, oírlo todo, decirlo todo», recomienda no ver, no oír, no hablar —una versión negativa de la regla sapiencial clásica. Esa inversión de la curiosidad virtuosa es lo que vuelve al refrán un documento excepcional de la pedagogía del silencio que se aplicó a las mujeres mexicanas durante generaciones.

Variantes

Fuente

La mujer buena no tiene ojos ni orejas
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Categorías: L, Refranes de México · 25 de marzo de 2021

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Referencias