La mujer, en sus quehaceres, para eso son las mujeres
La mujer, en sus quehaceres, para eso son las mujeres
Significado
Enuncia la reducción más explícita del papel femenino al ámbito doméstico: la mujer debe estar en sus quehaceres —es decir, dedicada a las tareas del hogar—, porque «para eso son las mujeres». La forma es una tautología final («para eso son las mujeres») que cierra el refrán como un sello: lo que la mujer hace, lo hace porque es mujer; lo que la mujer es, lo es para hacer eso.
El refrán es de los más conocidos del corpus patriarcal mexicano y uno de los más citados en las historias de la domesticidad. Hoy se usa casi siempre en clave crítica, para denunciar la asignación exclusiva de la mujer a la cocina, el lavado, el cuidado de los hijos, y se opone frontalmente a refranes como «La mujer, pon el plato y calla» o «A cada quien lo suyo».
Origen
Es un refrán mexicano documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y representa, en estado casi puro, la pedagogía del sino que la cultura patriarcal aplicó a las mujeres mexicanas: existe un para qué predeterminado por el género, y la única conducta virtuosa es ajustarse a él.
La palabra «quehaceres» (del latín quagis facere, «lo que hay que hacer») es de uso general en Hispanoamérica para designar las tareas del hogar; en España se prefiere «tareas del hogar» o «faenas domésticas». El sustantivo colectivo, sin verbo, le da al refrán un aire de recitado doméstico que la madre o la abuela pronunciaban al asignar la labor del día: «vete a tus quehaceres».
El refrán se entiende cabalmente en el marco de la división sexual del trabajo que rigió la casa mexicana hasta bien entrado el siglo XX: el hombre al campo o al taller, la mujer a la cocina, el patio y la ropa.
Cuándo se usa
Es un refrán de uso crítico y se escucha:
- En la defensa de derechos de las mujeres, como ejemplo de una visión superada: «eso de que la mujer en sus quehaceres, para eso son las mujeres, ya no se lo cree nadie».
- En anécdota familiar, cuando alguien lo recuerda como la frase que la abuela o la madre solía decir.
- En análisis sociológico o histórico, donde se cita como muestra del discurso de la domesticidad.
Ejemplo
—Hijita, no estés leyendo en la cocina, ponte a barrer. —Mamá, ¿por qué? —Porque la mujer, en sus quehaceres, para eso son las mujeres. Las letras ya vendrán después, si es que vienen.
Curiosidad lingüística
La frase final —«para eso son las mujeres»— es una proposición final con un sujeto genérico, no individual: «las mujeres» en conjunto, no «tú» en particular. Eso convierte al refrán en una especie de definición ontológica del género femenino: la mujer no hace los quehaceres por elección o por circunstancia, sino que es para hacerlos. La gramática y la ideología se dan la mano.
Variantes
- «A la mujer, la cocina; al varón, la oficina» (versión urbana del siglo XX).
- «La mujer, en la casa; el hombre, en la calle» (mismo reparto espacial).
- «Mujer sin quehacer, no sabe qué hacer» (la versión consoladora, que asume la domesticidad como ocupación natural).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).