La mujer y el perro son los dos únicos animales que se ganan el pan a base de caricias
La mujer y el perro son los dos únicos animales que se ganan el pan a base de caricias
Significado
Sostiene que la afectividad —y no la fuerza, ni la astucia, ni el trabajo bruto— es lo que consigue que la mujer y el perro se mantengan cerca y sean útiles al amo. Herón Pérez Martínez lo clasifica entre los refranes semióticos: cada término (mujer, perro, pan, caricias) es signo de otro, y el sentido pleno sólo aparece cuando se leen juntos.
El refrán tiene una doble lectura, según el autor que lo cite:
- En su versión positiva, elogia la ternura como forma legítima de relación: tanto la pareja como el animal de compañía responden mejor al cariño que al palo.
- En su versión despectiva, equipara a la mujer con el perro en una comparación que hoy se juzgaría inaceptable, y que la mayoría de los hablantes actuales reconocen sólo como muestra del machismo arraigado en la paremiología mexicana tradicional.
En el habla viva de principios del siglo XXI se cita más como documento de una época que como guía de comportamiento. Su valor reside sobre todo en lo que dice de las mentalidades que lo generaron.
Origen
Es un refrán mexicano documentado por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano y reeditado por la Academia Mexicana de la Lengua. Su estructura lógica —una identidad sostenida entre dos términos de distinta especie mediante una propiedad común (ganarse el pan con caricias)— es una variante del aequiparantia retórico, muy del gusto de la oratoria colonial.
La presencia simultánea del perro y de la mujer como sujetos de un mismo enunciado se inscribe en una larga tradición de refranes castellanos y novohispanos que comparan a la mujer con animales domésticos (gata, perra, paloma, gallina). En el caso mexicano, la comparación se cargó de un sentido adicional por la función del perro en la casa: guardián, acompañante, compañero de caza, ser al que se le hablaba como a un miembro más de la familia.
Cuándo se usa
Es un refrán en desuso en la conversación pública. Hoy se escucha de manera excepcional, casi siempre:
- En contextos académicos que estudian la paremiología sexista mexicana.
- En el repertorio humorístico que lo cita para burlarse de su propia carga discriminatoria.
- En la canción popular y en los dichos festivos de sobremesa, donde pervive con tono de autoironía.
Quien lo pronuncia hoy debe saber que está haciendo una cita, no una afirmación.
Ejemplo
El abuelo, que era de los que todavía recitaba refranes antiguos, soltó el de la mujer y el perro, y mi abuela, sin inmutarse, le contestó: «Ay, viejo, ese refrán ya está más rancio que tu queso de la semana pasada».
Curiosidad lingüística
Pérez Martínez incluye este refrán entre los que llama semióticos porque cada uno de sus elementos es signo de otro: la mujer es signo de compañía, el perro es signo de fidelidad, el pan es signo de sustento, las caricias son signo de afecto. La suma de los cuatro signos produce un enunciado que no se agota en lo literal: el refrán termina hablando, en realidad, de cómo el afecto organiza las relaciones de dependencia.
Variantes
- «La mujer y el perro son los dos únicos animales que se ganan el pan a base de caricias» (forma canónica).
- «Perro que mueve la cola no es de presa, sino de presa» (refrán gemelo, con cambio de signo: la cola delata al perro faldero).
- «Donde no hay caricias, no hay amor» (pariente conceptual del mismo campo afectivo, recogido también en el Refranero de Pérez Martínez).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).