Mi marido es tamborilero, Dios me lo dio y así me lo quiero

Mi marido es tamborilero, Dios me lo dio y así me lo quiero

Mi marido es tamborilero, Dios me lo dio y así me lo quiero

Significado

El refrán es una de las más bellas declaraciones de aceptación conyugal del refranero castellano. La fórmula, pronunciada en boca de la esposa, recomienda conformarse con la suerte que la providencia ha deparado, sin rencor ni lamentación. El marido es “tamborilero” —ruidoso, quizá vano, quizá poco agraciado, quizá más amigo del compás que del trabajo—, pero es “mi” marido, y como tal le corresponde el cariño debido, sin que el juicio ajeno pueda mermarlo. La mención de Dios, en la fórmula, sella el consentimiento: lo que Dios ha dado, aun siendo defectuoso a los ojos del mundo, merece ser aceptado con gratitud.

La estructura del refrán, por su tono lírico y su cadencia casi de copla, evoca el aire de las canciones de boda castellanas, en las que la novia proclama, ante la concurrencia, su conformidad con el esposo asignado. La fórmula tiene, además, una dimensión festiva: la imagen del tamborilero —músico de aldea, animador de romerías, hombre que alegra las plazas— es una metáfora de la alegría doméstica, del ruido tolerable, del varón que no es perfecto pero que llena la casa de sonido, de movimiento, de vida. La esposa, lejos de quejarse, celebra esta presencia: “así me lo quiero”, esto es, “lo quiero tal como es”.

En la cultura barroca, la fórmula se ha leído también como elogio de la providencia divina, que da a cada uno el marido o la mujer que conviene a su salud espiritual. Lo que parece a primera vista un defecto del cónyuge —la ruidosidad, la simpleza, la vanidad— puede ser, en la economía secreta de la gracia, la prueba que el alma necesitaba para su salvación. La conformidad, en este registro, no es resignación cobarde, sino aceptación mística del designio de Dios.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “Mi marido es tamborilero, Dios me lo dio, y así me lo quiero: que conviene aceptar al marido que Dios ha dado, sin murmuración ni queja”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano mio marito è tamburino, Dio me l’ha dato, e così lo voglio, el francés mon mari est tambourinaire, Dieu me l’a donné, et ainsi je l’aime y el portugués meu marido é tamborileiro, Deus mo deu e assim o quero. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia milenaria de las aldeas castellanas, donde el tamborilero —músico de oficio ambulante, animador de bodas y romerías— era una figura conocida y entrañable.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la conformidad con la suerte matrimonial— conserva toda su vigencia en la cultura cristiana, donde se cita todavía en pláticas nupciales, en ejercicios espirituales y en meditaciones sobre la providencia. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes Religiosos, por su invocación explícita a Dios como dador del cónyuge, y como tema secundario en Refranes de Celebraciones, por su tono festivo propio de la copla de boda.

Fuente

Mi marido es tamborilero, Dios me lo dio y así me lo quiero
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Categorías: M, Refranes Religiosos · 20 de marzo de 2021

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Referencias