No hay amor feo, si es querido con deseo

No hay amor feo, si es querido con deseo

No hay amor feo, si es querido con deseo

Significado

Afirma que el deseo embellece a la persona amada, hasta el punto de que lo que para un observador externo sería «fealdad» se vuelve, a los ojos del enamorado, un rasgo distintivo y hasta querido. La frase es, en el fondo, una variante del «amor es ciego»: si el amor no ve defectos, el deseo transfigura lo que sí ve, y lo convierte en motivo de atracción.

La palabra «deseo» es clave: no basta con querer bien, hay que desear. El cariño tibio, sin pasión, deja al otro en su fealdad; el deseo, en cambio, opera una metamorfosis interior que cambia la percepción. Es un misterio de la naturaleza humana, y el refrán lo constata sin explicarlo.

Origen

Es un refrán castellano con raíces en la lírica trovadoresca y en la canción popular de los siglos XVI y XVII. La idea de que el amor hace al objeto amable, aun siendo objetivamente poco amable, es una de las intuiciones más antiguas de la poesía amorosa europea: el Dolce stil novo italiano, el Petrarca, y los sonetistas castellanos del XVI (Garcilaso, Herrera) lo desarrollan abundantemente.

En el refranero castellano, Correas (1627) recoge formulaciones análogas, y Sbarbi (1922) lo registra. En México se documenta con uso «en desuso» en la conversación urbana, pero la idea pervive en la canción ranchera y en el bolero, donde el enamorado suele elogiar a la amada con argumentos que desafían los cánones de belleza al uso: «tiene los ojos hundidos, tiene la boca chica», dice un corrido, y los presenta como encantos. Esa tradición confirma la vigencia emocional de la fórmula.

Cuándo se usa

Es un refrán de consuelo amoroso, apropiado para alguien que duda de la propia valía física o de la de su pareja. Funciona muy bien en la confidencia, en la carta personal, en la canción. No es adecuado para usarlo en contextos donde se esté alabando a una persona por su mala conducta («no hay feo que no tenga gracia»): el refrán habla de deseo, no de tolerancia. Usarlo bien es admitir, con quien se ama, que el deseo es una fuerza que transfigura, y que ése es su misterio y su privilegio.

Ejemplo

—Mira a esa muchacha, tan delgadita, tan seria, tan poco agraciada. ¿Cómo le hace tu hermano para estar tan enamorado de ella? —Pues ya sabes: no hay amor feo, si es querido con deseo. Lo que para unos es poco, para otros es todo.

Curiosidad lingüística

La construcción «no hay X si Y» es de las más elegantes del castellano. La fórmula combina la negación absoluta («no hay») con una condición que la matiza: si hay deseo, la fealdad desaparece. Esa lógica paradójica es típicamente barroca: lo que parece una contradicción («el amor feo no existe») resulta una definición de un orden superior. La palabra «deseo», además, no se usa aquí en su sentido vulgar: es el desiderium latino, la añoranza y la tensión hacia el otro, que en la mística castellana se identifica con la virtud teologal de la caridad.

Variantes

Fuente

No hay amor feo, si es querido con deseo
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Categorías: N, Refranes de Amor · 20 de marzo de 2021

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Referencias