6 refranes mexicanos sobre el caballo

6 refranes mexicanos sobre el caballo

El caballo forma parte del imaginario mexicano desde la Conquista. Los pueblos originarios ya lo conocían, pero fue con la cultura ranchera novohispana —y más tarde con la charrería y las faenas del campo— como el animal se volvió protagonista de un refranero propio, hecho a la medida del arriero, del vaquero y del hombre de a caballo. Estos seis refranes condensan esa sabiduría ganadera, donde el bruto, la silla y el jinete enseñan tanto como un sermón.

A caballo regalado no se le mira colmillo

Significa que cuando algo llega como regalo o de manera inesperada, no conviene criticarlo ni ponerle peros: lo que se da sin costo se acepta sin condiciones. En el contexto del caballo, la sentencia recuerda que un animal regalado puede ser viejo, mañoso o de poca alzada, pero sigue siendo un capital. Es uno de los refranes más vivos del español y aparece ya en los refraneros de Hernán Núñez (1555) y Gonzalo Correas.

A la primera reprensión, has de parar la pata, o al primer tirón has de volver grupas

Recomienda que el jinete corrija al caballo desde la primera desobediencia, sin dejar pasar la falta: si el bruto aprende que puede desobedecer una vez, lo intentará de nuevo. La imagen de volver grupas —dar media vuelta— alude a la huida del animal, y por extensión a la del propio jinete que ya no puede controlarlo. Es un refrán de estricta doma, muy del vocabulario charro.

A más ganancia, más el bruto se espanta

Juega con la doble idea: a mayor ganancia económica, mayor riesgo de perderla, y a mayor esfuerzo del caballo en la carrera, más fácil es que se asuste y descarrile. La forma bimembre con rima asonante (ganancia / espanta) le da el aire de advertencia propia del refranero ganadero, donde la codicia y el corcel suelen acabar mal.

Caballo desbocado, jinete desatinado

Resume la vieja ley ecuestre: un caballo sin control vuelve inútil a su jinete, y un jinete sin temple vuelve imposible al mejor caballo. La estructura es paralelística y de ritmos contrarios: el descontrol del animal arrastra al hombre, pero también la impericia del hombre arrastra al animal. Es sentencia de adiestramiento, pero también de vida: cuando ambos extremos fallan, nadie llega a buen puerto.

Cuando el diablo no tiene qué hacer, mata a una yegua y la lleva a pacer

Variante mexicana del conocido «cuando el diablo no tiene qué hacer, mata a una yegua y la lleva a pacer», que advierte contra el ocio y sus extravagancias: el tiempo libre mal empleado produce desatinos. La imagen de la yegua —animal de labor, no de lujo— pastando sin ton ni son es deliberadamente absurda, y por eso mismo didáctica.

Si quieres buen caballo, no le cambies la silla

Enseña que cuando algo funciona bien, no conviene innovar por el gusto de innovar: la silla que el caballo ya tiene hecha es la que mejor le calza. Es un refrán práctico, de arriero viejo, y se aplica también a matrimonios, oficios y amistades de larga data. «A buen entendedor, pocas palabras» es su pariente conceptual en el campo del consejo.

Cierre

Los seis refranes comparten un mismo teatro: el corral, la vereda, la jornada. Y un mismo protagonista: el caballo como maestro involuntario del mexicano rural, que aprendía de él el temple, la prudencia y la medida. Herón Pérez Martínez los recoge en su Refranero mexicano y los pone como ejemplo del habla ranchera, todavía reconocible en los estados del centro y norte del país.

Significado

El hilo común de los seis refranes es la lección de oficio que el caballo, el buey y el jinete le dan al hombre: a cada mal, su herramienta; a cada descuido, su castigo. La sabiduría paremiológica mexicana del rancho es práctica, concreta, casi con sabor a corral.

Origen

El refranero del caballo es de los más antiguos del campo mexicano. Llega con la conquista equina del siglo XVI, se enriquece con el habla ranchera de los siglos XVIII y XIX, y se fija por escrito en los refraneros de Herón Pérez Martínez durante el siglo XX. Las fuentes escritas (Correas, Núñez, Rodríguez Marín) documentan la mayoría de los giros en sus versiones castellanas, que el campo mexicano adaptó a su paisaje.

Cuándo se usa

Funciona en la conversación de campo, en la sobremesa rural, en la crítica humorística del figurín urbano, y como marco cultural de cualquier relato de charrería o de faena. No es adecuado para contextos donde la referencia equina resulte ajena o decorativa: la gracia del refrán está en que se reconoce el código del rancho.

Ejemplo

En la plaza de Apan, un viejo arriero explicaba a su nieto por qué no se cambiaba la silla de su mula: —Mira, hijo, si quieres buen caballo, no le cambies la silla. Y el animal, que entendía, caminó con la cabeza en alto.

Curiosidad lingüística

El refranero del caballo es uno de los que mejor conserva el léxico ecuestre del español antiguo: colmillo, macho, bruto, reprentón, grapas, cincha, pretal. Cada vocablo es una pieza del ajuar del jinete, y la persistencia de estos términos en el habla rural es, por sí misma, una curiosidad lingüística.

Variantes

Fuente

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Categorías: #, Artículos · 15 de abril de 2021

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