A nuevos tiempos, nuevas costumbres
A nuevos tiempos, nuevas costumbres
Significado
Recomienda adaptarse a lo que cada época trae, sin aferrarse a las formas del pasado cuando estas ya no funcionan. La fórmula es un pareado rítmico —«a nuevos tiempos, nuevas costumbres»— que encadena el cambio objetivo (los tiempos son nuevos) con la respuesta subjetiva (las costumbres deben renovarse). Es un refrán de espíritu moderno, más que conservador.
Pertenece a la familia de refranes de la adaptabilidad, junto a «Renovarse o morir», «A la moda, lo que te acomoda», «Cada tierra, su uso» y «Donde fueres, haz lo que vieres». Lo que lo distingue es la estructura antitética implícita: no dice «al mal tiempo, buena cara», sino «a lo nuevo, novedad», lo que implica una aceptación del cambio sin negación previa.
En la cultura mexicana se usa tanto para justificar novedades positivas como para disculpar transformaciones discutibles: cambios en la familia, mudanzas en la educación, modas lingüísticas, relaciones de pareja que las generaciones anteriores no reconocerían.
Origen
Es un refrán castellano de raigambre antigua, con paralelos en otras lenguas romances. La forma más antigua conocida se documenta en colecciones del Siglo de Oro, y se emparenta con la idea clásica de «Tempora mutantur» y con los versos del poeta latino Ovidio. Gonzalo Correas lo registra con variantes en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), y desde entonces se ha mantenido en la tradición oral con pocas modificaciones.
En México cobró especial vigencia en el siglo XX, cuando la sociedad transitó de las formas rurales a las urbanas, y de la moral porfiriana a la Revolución, y luego a la modernidad de mediados de siglo. La fórmula servía para aceptar, con humor o resignación, los cambios de la pareja, de la familia, del lenguaje.
Cuándo se usa
Se usa en conversación doméstica y social, cuando alguien critica un cambio de comportamiento de los jóvenes, o cuando se justifica una decisión que rompe con la tradición. «Ya no se hacen los rosarios como antes», y la respuesta: «A nuevos tiempos, nuevas costumbres». También se usa como cerrador de debate: cuando una discusión sobre el pasado y el presente se alarga, el refrán pone el punto final.
No es un refrán de confrontación, sino de aceptación reflexiva o resignada. No aprueba ni condena el cambio: lo registra.
Ejemplo
—Antes los novios se pedían con la familia, iban a la iglesia, se casaban de blanco… —Sí, doña, pero hoy las cosas son distintas. A nuevos tiempos, nuevas costumbres. Lo importante es que se quieran, ¿no?
Curiosidad lingüística
La forma es un dístico con anáfora y paralelismo: dos sintagmas preposicionales —«a nuevos tiempos», «a nuevas costumbres»— y dos adjetivos gemelos —«nuevos», «nuevas»— encadenan la causa y la consecuencia. El paralelismo gramatical hace que el refrán suene como un axioma casi físico: si cambia el tiempo, cambia la costumbre, sin matices. La métrica es octosílaba, con rima consonante en -es/-es.
Variantes
- «A nuevos tiempos, nuevas costumbres» (forma canónica).
- «Renovarse o morir» (pariente conceptual, más dramático).
- «Donde fueres, haz lo que vieres» (pariente conceptual, más territorial).
- «Tempora mutantur, nos et mutamur in illis» (forma culta latina, antecedente).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).