Bodas hacen bodas
Bodas hacen bodas
Significado
El refrán constata una observación social de viejo cuño: las bodas funcionan como punto de encuentro entre familias, amistades y vecindades, y de esos cruces inesperados nacen a menudo noviazgos, matrimonios y hasta dinastías. La boda, además de unir a los contrayentes, es un mercado matrimonial y social donde se hacen y se deshacen alianzas: los padres se conocen, los primos se reencuentran, los jóvenes se enamoran, las viejas rencillas se apaciguan. Por eso una sola boda puede ser el preludio de otras muchas, en una cadena que durante siglos articuló la vida social de los pueblos castellanos.
La fórmula tiene, además, un alcance más amplio: anuncia que todo festejo arrastra otro festejo, todo convite llama a otro convite, y todo éxito social suscita su imitación. Quien preside una boda brillante, quiera o no, está invitando tácitamente a quienes lo han visto a “no ser menos” y a celebrar, cuando les llegue el turno, una boda equivalente o mejor. El refrán describe, en suma, la dinámica competitiva y festiva de las comunidades tradicionales, en las que la boda era a la vez un rito de paso individual y un acto colectivo de afirmación vecinal.
En el registro moral, la fórmula ha servido también para prevenir contra el exhibicionismo nupcial: si las bodas hacen bodas, el lujo en una sola obliga a un esfuerzo desproporcionado en las demás, y una espiral así puede arruinar a varias familias. Por eso algunas voces de la moral cristiana (San Francisco de Sales, entre otros) recomendaban modestia en los esponsales para no contagiar de vanidad a la comunidad entera.
Origen
La observación hunde sus raíces en la sociedad rural castellana de los siglos XVI y XVII, donde la boda era el principal acto social del año y donde la geografía del parentesco y la propiedad se reconfiguraba en cada celebración. Gonzalo Correas recoge la fórmula en su Vocabulario de 1627 con la glosa: “Bodas hacen bodas, y entierros, entierros; unos llaman a otros, y a la redonda”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano nozze fanno nozze, el francés noces font noces y el portugués casamentos fazem casamentos, lo que demuestra la persistencia de la observación en toda la cultura europea. En la literatura áurea, la fórmula reaparece en el entremés de Cervantes La elección de los alcaldes de Daganzo, donde se comenta, en broma, el “endémico” de las bodas en los pueblos de la meseta.
Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la observación social que transmite conserva toda su vigencia: las bodas siguen siendo lugares privilegiados para el contacto social y, por tanto, escenarios de futuros emparejamientos. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Celebraciones, por su origen nítidamente ligado a los ritos nupciales y a la sociabilidad festiva del mundo hispánico.
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).