No hay boda sin canto ni entierro sin llanto

No hay boda sin canto ni entierro sin llanto

No hay boda sin canto ni entierro sin llanto

Significado

El refrán enuncia, con admirable equilibrio verbal, una verdad antropológica elemental: la vida humana se construye con la alternancia de alegrías y tristezas, y en cada uno de los ritos que la articulan —la boda y el funeral— está ya prefigurada la polaridad del destino. La boda, como umbral de la vida nueva, convoca el canto: las coplas, los brindis, la música de los gaiteros, el repique de las campanas, las risas de los convidados, todo concurre a sellar con estrépito festivo la promesa de los contrayentes. El entierro, como umbral de la vida fenecida, convoca el llanto: las plañideras, los responsos, el pésame, el silencio, el acompañamiento del féretro, todo concurre a sellar con respetuosa tristeza el duelo de los que quedan.

La fórmula, leída con profundidad, no se reduce a una observación etnográfica sobre los ritos sociales. Detrás de la pareja “boda-entierro”, “canto-llanto”, late una reflexión más honda: la plenitud de la vida no se mide por la ausencia de dolor ni por la presencia exclusiva de placer, sino por la integración de ambos en una experiencia total. Quien sólo conoce las bodas, no entiende la vida; quien sólo asiste a entierros, no sabe vivir. La plenitud está en cruzar ambos umbrales, en gozar del canto y en saber llorar, en aceptar la fiesta y la despedida, el nacimiento y la muerte, el alba y el ocaso.

En el registro popular castellano, el refrán se ha citado también para recordar que la edad trae consigo ambas ceremonias: el que hoy es niño, será novio; el que hoy es novio, será padre; el que hoy es padre, será abuelo; el que hoy es abuelo, será difunto. La cadena de la vida se teje con bodas y con duelos, y quien entienda este ritmo no se asombrará de la suerte adversa, ni se embriagará con la suerte favorable. La fórmula, en este sentido, es una invitación a la ecuanimidad perfecta.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “No hay boda sin canto, ni entierro sin llanto, ni vida sin contento y sin pena”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano non c’è nozze senza canto, né funerale senza pianto, el francés il n’y a pas de noce sans chant, ni d’enterrement sans pleurs y el portugués não há boda sem canto nem enterro sem pranto. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia milenaria de las comunidades aldeanas, donde los ritos de paso se celebraban con protocolos colectivos muy elaborados.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la alternancia de las alegrías y de las tristezas como ley de la vida— conserva toda su vigencia en la conciencia común, y se reactiva con fuerza en los momentos de duelo, en las conversaciones filosóficas, en la literatura moral. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Celebraciones, por su contenido directamente referido a los ritos de paso más importantes de la vida social, y por su invitación a la integración armónica de la fiesta y de la despedida.

Fuente

No hay boda sin canto ni entierro sin llanto
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Categorías: N, Refranes de Celebraciones · 20 de marzo de 2021

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Referencias