De lo que no cuesta, lleno la cesta
De lo que no cuesta, lleno la cesta
Significado
Recrimina, con ironía, a quien obsequia pródigamente con lo ajeno precisamente porque a él no le cuesta. La imagen es muy plástica: si algo sale gratis, la gente no pone límite a su afán de acaparar. Es un refrán de economía doméstica y de psicología del regalo: el que regala lo que no paga se vuelve insaciable, y termina por vaciar al que sí paga.
La forma es la de un refrán de causa-conclusión del tipo «de lo que no cuesta, [verbo]». La variante más extendida en castellano antiguo usa «cuesta» con el sentido de «valer» o «importar» (lat. constare). La fórmula aplica a tres situaciones cotidianas: las propinas de los hijos con la tarjeta de los padres, los regalos hechos con dinero de la empresa, las invitaciones pagadas por uno para beneficio de muchos.
Origen
Es un refrán castellano con raíces muy antiguas. La idea de que «lo que no cuesta se malgasta» se documenta en colecciones del siglo XVI y figura en el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627). La imagen de la cesta como medida de la prodigalidad tiene raigambre campesina: en el mercado y en la era, el cesto era el recipiente de los dones, y su llenado simbolizaba la munificencia —o el abuso— del convidado.
En México se documenta con naturalidad en la conversación familiar y en los sermones sobre la limosna mal administrada, donde se recuerda que la caridad sin prudencia daña a quien la recibe y arruina a quien la ejerce. Herón Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano como ejemplo del refrán de «excesos familiares», y anota que en el campo es habitual oírlo cuando un comensal se sirve dos veces de un plato común.
Cuándo se usa
Es un refrán de crítica hogareña y de humor económico. Se usa cuando un invitado abusa de la mesa, cuando un hijo gasta sin medida con la tarjeta del padre, o cuando alguien reparte lo que no es suyo. Funciona muy bien en sobremesa, en conversaciones familiares sobre la economía doméstica y en comentarios sobre las políticas públicas de subsidio, donde el dicho se aplica casi al pie de la letra.
Ejemplo
—Mira nomás a tu hijo, pidiendo otra rebanada de pastel cuando ya lleva tres. —Así es, mija. De lo que no cuesta, lleno la cesta. Si lo pagara él, verías cómo se mide.
Curiosidad lingüística
Pertenece a la familia de los refranes del coste cero, donde el precio se omite para subrayar la irresponsabilidad del consumo. Es un subgénero muy nutrido: «A lo barato, todo el mundo se apunta», «Caballo regalado no se le miran los dientes» (versión mexicana de «A caballo regalado…»), «Pan ajeno caro cuesta». La particularidad de este es que la imagen de la cesta —recipiente que se llena y se vacía— introduce una metáfora material precisa: lo que se mete gratis se saca aún más gratis.
Variantes
- «De lo que no cuesta, lleno el cesto» (variante con cesto en vez de cesta).
- «A lo que no cuesta, no se le pone tapa» (pariente, de uso más moderno).
- «Caballo regalado no se le miran los dientes» (pariente conceptual: lo gratis se acepta sin crítica).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).