Días de mayo, días del diablo: no amanece cuando ya oscurece
Días de mayo, días del diablo: no amanece cuando ya oscurece
Significado
Recrimina a los perezosos y a los que ponen excusas por no haber hecho algo a tiempo. La imagen es meteorológica y moral al mismo tiempo: los días de mayo son tan cortos que «no amanece cuando ya oscurece», y el que se distrae con la excusa de que «mañana lo haré» se queda sin tiempo. Es un refrán de prisa vital y de crítica a la dilación: lo que no se hace en mayo, no se hace nunca.
La forma es la de un refrán agrícola-temporal del tipo «días de A, días de B: no X cuando ya Y». La estructura combina una observación del calendario (la brevedad de los días de mayo en el hemisferio norte) con un correctivo moral (no te confíes, que el día se acaba antes de que empieces). El paréntesis o segundo miembro —«no amanece cuando ya oscurece»— funciona como coletivo de dramatización, y es donde el refrán se carga de su tono infernal («días del diablo»).
Origen
Es un refrán mexicano con raíces castellanas, documentado en la península desde el siglo XVI y aclimatado en México durante la colonia. La observación meteorológica es exacta: en mayo, cuando el solsticio de verano se acerca, los días se alargan de manera desigual y las mañanas pueden ser más frescas de lo esperado; el campesino y el comerciante saben que el mes es traicionero. La forma se recoge en colecciones de Correas (1627) y en refraneros regionales.
En México, Herón Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano y lo clasifica entre los Refranes de Primavera, una categoría muy nutrida del acervo mexicano por la importancia del calendario agrícola: la siembra de temporal, la floración, las primeras aguas. El tono infernal —«días del diablo»— es un ingrediente netamente mexicano, y se cruza con la tradición de las fiestas de mayo (la Santa Cruz, las mayordomías, las primeras cosechas), en las que la fiesta y el trabajo compiten por el tiempo del campesino.
Cuándo se usa
Es un refrán de prisa agrícola y de reprensión al perezoso. Se usa en mayo, en el campo, para criticar al que no aprovecha el tiempo, y también en contextos urbanos para reanimar al que retrasa sus decisiones. Funciona muy bien en el trabajo, en la familia y en la política, donde las «mayas administrativas» se critican con la fórmula. Conviene en contextos de urgencia o de reprensión cariñosa.
Ejemplo
—Jefe, ¿termino el informe el lunes? —No, mijo, no me salga con esas. Días de mayo, días del diablo: no amanece cuando ya oscurece. Si no lo entrega hoy, se lo lleva la trampa.
Curiosidad lingüística
Pertenece a la familia de los refranes de la brevedad temporal, donde el tiempo aparece como un bien escaso que se evapora. Es un subgénero muy nutrido del acervo: «No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy», «Vive el día como si fuera el último», «El tiempo perdido no se recupera». La particularidad de este es la dramatización demoníaca: llamar a mayo «días del diablo» es una hipérbole que pertenece al registro campesino, y que se cruza con la tradición cristiana de asignar al Maligno la tarea de tentar en los meses de transición. Esa carga religiosa es la que distingue al refrán mexicano de sus parientes castellanos.
Variantes
- «Días de mayo, días del diablo» (forma abreviada, sin la coletilla).
- «Mayo engañador, un día peor» (pariente con distinta métrica).
- «Días de abril, días de mil» (paralelo castellano, con abril como referencia).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).