Enero y febrero, desviejadero; marzo y abril, de todo ha de ir
Enero y febrero, desviejadero; marzo y abril, de todo ha de ir
Significado
El refrán consta en realidad de dos partes encadenadas que describen la mortalidad a lo largo del año, según la observación campesina mexicana. La primera mitad —«enero y febrero, desviejadero»— señala que esos dos meses son los más duros del invierno y los que más segaban la vida de los ancianos, los niños y los débiles, incapaces de resistir el frío y las enfermedades propias de la temporada.
La segunda mitad —«marzo y abril, de todo ha de ir»— describe el comportamiento del calendario mortuorio cuando empieza a suavizarse el clima: ya no mueren sólo los viejos, sino personas de todas las edades y condiciones, incluidos los que parecían robustos. La primavera, en este refrán, no abrevia la muerte; la democratiza.
En su conjunto, la paremia es una observación demográfica hecha con humor seco, típica de los refraneros rancheros: el campo mexicano sabía muy bien que las pulmonías del invierno cobraban sobre todo a los más frágiles, y que las fiebres de la primavera no distinguían edades.
Origen
Es un refrán mexicano recogido por Herón Pérez Martínez en su Refranero mexicano, una de las principales compilaciones del acervo oral del altiplano. Su forma es la típica de los refranes meteorológicos-agrarios del centro de México: dos hemistiquios pareados con rima asonante (desviejadero / ha de ir) que resumen en un par de versos la experiencia de un ciclo agrícola completo.
La palabra desviejadero es un mexicanismo rural, no registrada en los diccionarios académicos generales: significa literalmente «lugar o temporada en que se mueren los viejos». La formación es la misma de matadero, roñadero o pegadero: sufijo abundancial -dero con valor locativo-temporal. Su uso, hoy, se reduce a la conversación campesina de la tercera edad y a los refraneros impresos; las nuevas generaciones lo desconocen casi por completo.
Cuándo se usa
Es un refrán de sabiduría demográfica popular, hoy prácticamente en desuso. Se escucha todavía en conversaciones de gente mayor en comunidades rurales, sobre todo cuando se comenta un fallecimiento. En contextos urbanos ha sido reemplazado por frases más neutras del tipo «en este barrio se nos ha ido mucha gente» o por el lamento genérico «qué año tan duro».
Ejemplo
Doña Carmen revisaba la lista de difuntos del año y le decía a su nieta: «Mira, en enero se nos fueron tres tíos, y en marzo también don Ignacio, que era un hombre fuerte. Enero y febrero, desviejadero; marzo y abril, de todo ha de ir. No le perdona a nadie».
Curiosidad lingüística
El refrán contiene un paralelismo estructural muy limpio: dos pares de meses (enero-febrero / marzo-abril) enfrentan dos modos de morir (sólo los débiles / de toda edad). La forma es la de una verdad estadística disfrazada de pareado, lo que la hace muy fácil de recordar y, por tanto, de repetir. En la lógica del refrán, la muerte tiene su propio calendario: uno para la selección natural del invierno, otro para la lotería de la primavera.
Variantes
- «Enero y febrero, desviejadero» (forma trunca, la más usada en el habla).
- «Marzo y abril, de todo ha de ir» (segunda mitad, también independiente).
- «Enero, febrero y marzo, mal año» (variante castellana antigua, citada por Iribarren).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).