No basta ser bueno sino parecerlo

No basta ser bueno sino parecerlo

No basta ser bueno sino parecerlo

Significado

El refrán, leído en su primera intención, parece una invitación a la hipocresía. Sin embargo, su verdadero alcance es mucho más sutil: en una sociedad donde el juicio se forma por la apariencia, la virtud oculta no es plenamente virtuosa, porque no beneficia a nadie. Quien es bueno sólo en el secreto de su conciencia hace un bien limitado, mientras que quien, además, lo manifiesta con su porte, su lenguaje y su conducta, inspira a los demás y multiplica el efecto de su bondad. La fórmula aboga, por tanto, por una bondad visible, no por la mera simulación.

La glosa más común del refrán, en boca de los moralistas castellanos, lo convierte en una invitación a cuidar el detalle exterior de las acciones virtuosas: dar limosna sin ostentación pero sin descuido, ejercer la justicia con prontitud y con pública claridad, practicar la caridad con la modestia que sabe hacerse notar. La bondad que se esconde, en este esquema, termina por ser inútil para el prójimo; la bondad que se muestra, en cambio, edifica a la comunidad y se vuelve pedagógica.

En su lectura crítica, sin embargo, el refrán también denuncia la vanidad de cuantos cultivan las apariencias de la virtud sin la virtud misma. Hay quien se presenta como justo, piadoso, caritativo, pero oculta, en el cuarto oscuro de su intimidad, vicios que la apariencia oculta. La fórmula, leída con malicia, vendría a ser una advertencia contra esta “virtud de fachada”, tan del gusto de las sociedades cortesanas, tan peligrosa para la moral común.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627), bajo la glosa: “No basta ser bueno, sino parecerlo: que la virtud, sin apariencia, es como el pan sin corteza”. Tiene paralelos exactos en la tradición clásica —el fronte voltuque honesto de los antiguos, y la insistencia de los rétores en que la elocuencia del gesto acompaña a la elocuencia del argumento— y en otras tradiciones romances: el italiano non basta essere buoni, bisogna sembrarlo, el francés il ne suffit pas d’être bon, il faut le paraître y el portugués não basta ser bom, é preciso parecê-lo. La observación es, en realidad, universal, y reaparece en los tratados cortesanos de Castiglione, en el Galateo de Della Casa, y en los manuales de urbanidad que proliferaron en la Europa del Renacimiento y del Barroco.

Se trata de un refrán popular, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la idea que transmite —el cuidado de la presentación como complemento de la virtud— conserva toda su vigencia en una época obsesionada por la imagen pública. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Apariencias, por su contenido directamente referido a la gestión del “parecer” y a la distancia inevitable entre la virtud íntima y su expresión social.

Fuente

No basta ser bueno sino parecerlo
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Categorías: N, Refranes de Apariencias · 30 de abril de 2021

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Referencias