No hay cosa más barata que la que se compra

No hay cosa más barata que la que se compra

No hay cosa más barata que la que se compra

Significado

El refrán denuncia una trampa social del regalo: lo regalado suele acabar saliendo más caro que lo comprado. La razón es simple —y de una profundidad que la gente del pueblo captó muy pronto—: quien recibe un regalo contrae una deuda de correspondencia que ha de pagar en la primera ocasión propicia. Y la ocasión propicia casi siempre es más cara que el regalo original, por el deber de no parecer menos generoso que el donante.

Un regalo de cumpleaños obliga a recordar el cumpleaños propio del donante y a corresponder con un detalle a la altura. Un favor grande obliga a un favor mayor cuando se presente la oportunidad. Una invitación a comer obliga a una invitación equivalente. La suma de las reciprocidades casi nunca se salda, y al final el cálculo revela que lo obsequiado terminó pesando más que lo adquirido con dinero en el mostrador.

Por extensión, el refrán se aplica a todo lo obtenido sin pago directo: el ascenso por influencia, la herencia inesperada, el favor político. La gratuidad aparente es un espejismo. Casi siempre, lo que se recibe sin pagar se paga después, y se paga más caro.

Origen

Es un refrán castellano de la tradición oral moderna, con paralelos en otras lenguas romances y con raíces que pueden rastrearse hasta la moral social del Antiguo Régimen, cuando las relaciones de patronazgo y reciprocidad determinaban la vida económica de pueblos y ciudades. La forma «no hay cosa más X que la que Y» es una estructura hiperbólica del refranero, emparentada con «No hay cosa más amarga que la dulzura fingida» o «No hay cosa más cara que la que se vende barata».

Lo registran los refraneros hispánicos contemporáneos (Junceda 1998, catálogos digitales del CVC). Se considera un refrán en desuso en la vida urbana acelerada, pero muy vivo en el medio rural y en las familias tradicionales, donde la red de dones y contradones sigue siendo una parte importante de la sociabilidad.

Cuándo se usa

Es un refrán de plática íntima y de sobremesa. Se usa en la cocina, en el mercado, en la conversación entre comadres, en el consejo de la abuela a la nuera recién casada que no sabe cómo manejarse con los parientes políticos. Funciona también como advertencia al joven que pide favores por doquier sin calcular el costo de la reciprocidad.

No es adecuado para contextos donde la generosidad se celebra, ni en cartas de agradecimiento, ni en elogios a la filantropía.

Ejemplo

La comadre se vanagloriaba de haber recibido tantos regalos en su santo. La abuela, que había vivido más, le respondió: «no te fíes, hija. No hay cosa más barata que la que se compra. A ver cuántos de esos regalos vas a tener que devolver en el año».

Curiosidad lingüística

El refrán es un caso notable de paradoja económica disfrazada de obviedad: en apariencia, dice que lo comprado es más barato que lo regalado, y eso parece de sentido común —lo regalado no cuesta, lo comprado cuesta dinero—. Pero el refrán invierte esa lectura: lo comprado es lo barato precisamente porque se paga en el momento y libera al comprador de toda obligación posterior; lo regalado es lo caro porque desencadena una cadena de pagos ulteriores cuyo monto final no controla el beneficiario. La forma «la que se compra» —con la que como relativo femenino de distancia— es la que sostiene la paradoja: marca el coste explícito, visible, terminado.

Variantes

Fuente

No hay cosa más barata que la que se compra
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Categorías: N, Refranes de Ahorro · 12 de mayo de 2021

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Referencias