No hay felicidad completa

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No hay felicidad completa

Significado

El refrán asume que la condición humana, por su propia estructura, es incapaz de gozar de un estado de plenitud absoluta: todo contento lleva su disgusto, todo triunfo arrastra alguna amargura, todo gozo tiene su cuota de nostalgia o de pena. No es un llamado al pesimismo, sino una invitación a la madurez: quien comprende que la felicidad absoluta no existe, deja de esperarla de los demás, de las circunstancias o de sí mismo, y aprende a valorar lo que tiene sin exigir imposibles.

La fórmula entronca con una vieja disputa filosófica: la que enfrenta a las doctrinas hedonistas —que cifran el bien en el placer— con las doctrinas eudemonistas —que entienden la felicidad como un equilibrio dinámico, no como un estado—. El refrán castellano, en su aparente modestia, se alinea con estas últimas: no hay instante definitivo, no hay éxtasis permanente, no hay bien que cubra todos los huecos del alma. Por eso la dicha ha de buscarse en la suma de instantes, no en un solo instante absoluto.

En la práctica, el refrán funciona como una medicina contra la soberbia del que “lo tiene todo” y aun así se queja: una advertencia ética que pone en guardia contra la fantasía de un Edén terreno. En las conversaciones familiares, en el consejo de los mayores a los jóvenes, en las pláticas de los maestros a los discípulos, se repite para templar las expectativas y para enseñar a agradecer lo bueno que sí hay, sin malgastar la vida en lamentar lo que falta.

Origen

La idea aparece en los tratados morales de la Castilla del siglo XVI y se glosa extensamente en el Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627): “No hay dicha cumplida en este mundo: siempre hay un no sé qué que desazona, y no se diga mal ninguno sin mezcla de bien, ni bien ninguno sin mezcla de mal”. El corolario de la fórmula se reencuentra a lo largo de toda la Edad de Oro: Quevedo insiste en el “polvo serán, mas polvo enamorado” para recordar la fugacidad; Calderón, en La vida es sueño, contrapone al “mayorazgo” de Segismundo el “Sueño” que arrastra la maldición heredada; el Lazarillo y la picaresca entera construyen su mirada moral sobre la idea de que ninguna fortuna es estable ni absoluta.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la idea que transmite ha cobrado nuevo vigor en la era de las redes sociales, donde la exhibición de vidas “perfectas” contrasta con la cotidiana incompletud de las personas reales. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Felicidad, por su carácter de admonición serena a la serenidad y al agradecimiento de lo poco bueno que cabe en una vida siempre finita.

Fuente

No hay felicidad completa
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Categorías: N, Refranes de Felicidad · 20 de marzo de 2021

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Referencias