No hay que fiarse de las apariencias

No hay que fiarse de las apariencias

No hay que fiarse de las apariencias

Significado

El refrán es una formulación compendiada de la doctrina moral castellana sobre el engaño de las superficies. La “apariencia” —lo que aparece, lo que se muestra, lo que se deja ver— no es nunca índice suficiente de lo que una persona, una cosa, una promesa, una doctrina, una oferta, lleva dentro. Bajo el oro puede haber cobre; bajo la seda, estopa; bajo la sonrisa, cálculo; bajo la promesa, vacío. El refrán recomienda, en consecuencia, no tomar la forma por el fondo, ni el parecer por el ser, sino indagar, comprobar, verificar, en una operación de discernimiento que los clásicos llamaban iudicium y que la sabiduría popular resume en la fórmula: “las apariencias engañan”.

En su uso práctico, la fórmula se ha citado para alertar contra los “negocios relumbrantes” —las ofertas demasiado buenas, las promesas demasiado generosas, las oportunidades que aparecen como llovidas del cielo—. La advertencia es universal: cuando algo parece demasiado bueno para ser verdad, es que no es verdad. El sentido común popular, condensado en este refrán, ha anticipado por siglos la moderna psicología del fraude, que reconoce en la “ilusión de oportunidad única” uno de los resortes principales del engaño. La fórmula, en este sentido, es un manual de autodefensa comercial, política, sentimental.

En su uso más íntimo, el refrán recomienda cautela ante las personas. Quien se presenta como santo puede ser un bellaco; quien ofrece amor eterno puede ser un vividor; quien presume de tener grandes caudales puede estar al borde de la bancarrota; quien se adorna con la ciencia puede ser un charlatán. La prudencia exige pasar del dicho al hecho, de la promesa al cumplimiento, del gesto al carácter, antes de confiar. Quien se ahorra esta investigación previa, queda a merced del primer engañador que cruce su camino.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “No hay que fiarse de las apariencias, que el diablo es muy pintado y más malo”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano non bisogna fidarsi delle apparenze, el francés il ne faut pas se fier aux apparences y el portugués não se deve confiar nas aparências. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia elemental de los engaños cotidianos, donde la forma exterior oculta casi siempre una realidad distinta.

Se trata de un refrán popular, actualmente bastante usado en su forma exacta, en el habla coloquial de España e Hispanoamérica, y plenamente vigente en la cultura contemporánea, especialmente en una época obsesionada por la “marca personal” y por la gestión de la imagen pública. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Apariencias, por su contenido directamente referido al engaño de las superficies, y por su invitación a cultivar el discernimiento como defensa frente a los manipuladores de oficio.

Fuente

No hay que fiarse de las apariencias
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Categorías: N, Refranes de Apariencias · 30 de abril de 2021

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