Nunca es tarde si la dicha es buena

Nunca es tarde si la dicha es buena

Nunca es tarde si la dicha es buena

Significado

Es uno de los refranes más bellos y reconfortantes del refranero castellano. Su mensaje es nítido: cuando finalmente llega un bien verdadero —un amor correspondido, una noticia esperada durante años, un diagnóstico favorable tras larga espera, el reencuentro con la persona añorada, la posibilidad de emprender lo que se había abandonado— la tardanza pierde toda importancia. El reloj se detiene, la impaciencia se borra, y lo único que cuenta es que el bien haya llegado, y que sea bueno. La dicha borra las huellas del camino.

La fórmula tiene una dimensión ética muy precisa: enseña a no desesperar, a no confundir la demora con la negación, a confiar en que la vida, pese a sus silencios, acabará trayéndonos lo que necesitamos. Es un contrapunto al dicho “el tiempo pasado fue mejor” o al “no hay mal que por bien no venga”: en vez de lamentar el pasado, celebra el presente; en vez de maldecir la espera, justifica la esperanza. Por eso este refrán se ha repetido, generación tras generación, en labios de madres, de viudas, de enfermos largos, de exiliados, de cuantos se acogieron a la frase como a una tabla de náufrago.

En su uso coloquial, sirve también para moderar la impaciencia del prójimo: cuando un joven tarda en consolidar su carrera, un enfermo en sanar, una novia en aceptar la propuesta, se le recuerda con esta fórmula que el reloj humano no se corresponde con los calendarios administrativos ni con los afanes mercantiles. Lo importante no es la hora, sino que la dicha, cuando llega, sea auténtica.

Origen

La fórmula es de origen castellano, documentada desde el siglo XVI, y se glosa ya en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) con una variante más larga: “Nunca es tarde cuando la dicha es buena, que un hora bona haze el año, y más si es más de la que se espera”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances —el italiano non è mai tardi se la ventura è buona— y se emparenta con la doctrina cristiana de la “visitación divina”, según la cual Dios, en su providencia, hace coincidir el don con el momento exacto en que el corazón está preparado para recibirlo.

En la literatura del Siglo de Oro, la idea subyace en la Dorotea de Lope de Vega y en varias comedias calderonianas, donde los amantes separados durante lustros se reencuentran, no por casualidad, sino por un designio de la fortuna que la posteridad ya barruntaba. Más cerca, Antonio Machado la glosa en uno de sus Proverbios y cantares: “Si la dicha es buena, no hay tarde que llegue demasiado tarde”, invirtiendo la sintaxis para hacerla más lírica.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente de uso actual, particularmente vivo en el habla coloquial y en los mensajes de aliento que se cruzan familiares y amigos. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Felicidad, por su carácter celebratorio de la dicha, sea ésta amorosa, familiar, profesional o de salud.

Fuente

Nunca es tarde si la dicha es buena
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Categorías: N, Refranes de Felicidad · 20 de marzo de 2021

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Referencias