Vase el bien al bien, y las abejas a la miel

Vase el bien al bien, y las abejas a la miel

Vase el bien al bien, y las abejas a la miel

Significado

El refrán enuncia una de las leyes más antiguas de la prosperidad, observada ya por los moralistas griegos y romanos: la fortuna se acumula sobre sí misma, y la virtud, del mismo modo, se robustece con la práctica. Quien tiene un bien —el dinero, la fama, el talento, la salud, la hermosura—, suele ser visitado por otros bienes, porque el bien atrae bien, del mismo modo que el imán atrae al hierro. La metáfora de las abejas y la miel, que cierra la fórmula, glosa con exactitud esa misteriosa gravitación: la miel, dulce y aromática, atrae a las abejas, que van a posarse sobre la flor una tras otra, formando enjambres. La “miel” del refrán, en este sentido, es cualquier clase de bien apetecible.

La fórmula, leída con mayor profundidad, no es sólo una observación sociológica, sino una reflexión sobre la dinámica de la gracia. Quien vive en la virtud, va siendo atraído por nuevas virtudes; quien vive en el vicio, va hundiéndose en vicios más graves. La espiral ascendente y la espiral descendente son, en este registro, las dos caras de un mismo movimiento. La fórmula, por tanto, recomienda cultivar los bienes recibidos, so pena de verlos disiparse: quien recibe una herencia y la despilfarra, perderá también la herencia segunda; quien recibe talento y no lo ejercita, perderá también el talento mismo.

En su uso moral moderno, la fórmula se ha aplicado al cuidado de las amistades, de los amores, de la salud, de la buena fama. Cada uno de estos bienes, custodiado, se multiplica; descuidado, se evapora. La fórmula, en este sentido, no es una invitación al egoísmo, sino a la responsabilidad: quien tiene miel, atrae abejas, y debe prepararlas su panal, no vaya a ser que la miel se pierda y las abejas se marchen a otro colmenar mejor administrado. La prosperidad, en suma, no es estática: o crece, o mengua; o se multiplica, o se apaga.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “Vase el bien al bien, y las abejas a la miel: que el bien llama al bien, como el mal al mal”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano va il bene al bene, e le api al miele, el francés le bien va au bien, et les abeilles au miel y el portugués vai o bem ao bem, e as abelhas ao mel. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia milenaria de la apicultura, donde las abejas son atraídas invariablemente por las flores más aromáticas, por las colmenas más limpias, por los panales más colmados.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente en desuso en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la gravitación del bien hacia el bien, y de la fortuna hacia la fortuna— conserva toda su vigencia en la conversación cotidiana, y se reactiva con fuerza en los debates sobre meritocracia, sobre acumulación de capital, sobre la formación de los círculos virtuosos en la vida social. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Felicidad, por su celebración de la dinámica de la prosperidad, y por su invitación a cultivar con esmero los bienes recibidos para que no se evaporen.

Fuente

Vase el bien al bien, y las abejas a la miel
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Categorías: V, Refranes de Felicidad · 20 de marzo de 2021

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Referencias