A caballo regalado, no le mires el diente
A caballo regalado, no le mires el diente
Significado
Recomienda aceptar los regalos de buen grado y sin poner reparos, por descortesía o por prudencia. Quien recibe algo obsequiado debe mostrarse agradecido, y analizar exhaustivamente la calidad del regalo es una descortesía hacia el donante. La imagen es directa: mirar el diente al caballo regalado es desconfiar del animal —y, con él, de quien lo dio.
El refrán funciona en dos planos. En el plano cortés, prescribe no ser pedigüeño: no hay que revisar la mercadería, no hay que devolver el regalo, no hay que exigir calidad donde sólo se ha ofrecido voluntad. En el plano prudencial, prescribe no buscar defectos en lo que recibimos de balde: el que busca, encuentra; y el que encuentra, devuelve; y el que devuelve, ofende.
Origen
Es un refrán castellano con raíces en la caballería medieval y, antes, en la moral grecolatina sobre los regalos. La fórmula aparece en los refranes de Séneca y en los manuales de retórica clásicos, donde se insistía en que la liberalidad sólo se mide por el gesto, no por el valor del objeto. Erasmo de Rotterdam, en sus Adagia (1500), recoge una versión equivalente: «Munus probatum non inspectatur» («el regalo aceptado no se inspecciona»).
En el refranero castellano, Correas (1627) y Sbarbi (1922) lo registran. En México su uso es «muy frecuente» y se aplica con naturalidad tanto al terreno de los regalos como al de los favores, las oportunidades, los trabajos. La fórmula tiene parientes en casi todas las lenguas (en inglés, «Don’t look a gift horse in the mouth»; en francés, «À cheval donné, on ne regarde pas la bride»), lo que apunta a una intuición compartida por muchas tradiciones.
Cuándo se usa
Es un refrán de reconvención cortés, apropiado para recordarle a alguien que está poniendo demasiadas condiciones a un regalo o a un favor. Funciona muy bien en la conversación familiar, en la sobremesa, en la negociación de favores. No es adecuado para usarlo en contextos donde el regalo sea en realidad una trampa: a veces el caballo regalado viene con un problema mayor (defectos ocultos, expectativas no dichas, ataduras morales). Usarlo bien es aplicarlo a la generosidad, no a la ingenuidad.
Ejemplo
—Mira, me ofrecieron trabajo en la empresa de mi primo, pero la paga es malísima. —Pues tú verás, hijo. A caballo regalado, no le mires el diente. Mejor eso que nada, ¿no?
Curiosidad lingüística
La construcción «a + sustantivo + adjetivo, no le mires + sustantivo» es una de las más pegadizas del refranero castellano. La fórmula presenta una prohibición clara: no hacer X al Y. La acción prohibida —mirar el diente— es la que el vulgo hace al comprador de caballos: revisar la dentadura del animal para conocer su edad y su estado. Esa imagen, especializada y reconocible, es la que da al refrán su plasticidad. La palabra «diente» aquí no es sólo un diente: es la inspección técnica del experto, la que humilla al donante y al regalo.
Variantes
- «A caballo dado, no le mires el colmillo» (variante léxica).
- «Don’t look a gift horse in the mouth» (inglés, pariente).
- «Quien da luego, da dos veces» (pariente temático).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).