A muertos y a idos, no hay amigos
A muertos y a idos, no hay amigos
Significado
Recuerda que la muerte o la ausencia prolongada de alguien pueden enfriar, e incluso romper, la amistad: el muerto ya no vuelve, y el ido deja de estar presente, y lazo que no se ejerce acaba por desaparecer. Es un refrán realista y melancólico, que no idealiza la lealtad póstuma ni la constancia a distancia.
Pertenece a la familia de refranes que desengañan al que vive esperando correspondencia: «Ojos que no ven, corazón que no siente», «El muerto y el ido, en cuanto se va, se olvida», «Amigo de lejos, amigo de pendejo». Lo que añade este enunciado es la estructura paralela entre las dos formas de ausencia —la definitiva y la provisional— y el uso de la frase «no hay amigos» en sentido categórico: no quedan, no se sostienen, no funcionan igual.
Origen
Es un refrán castellano documentado desde antiguo. Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) bajo la forma «A muertos y a idos, no hay amigos», y desde entonces se ha mantenido en la tradición oral con variantes menores. En México circuló en la conversación campesina, en la consejería de los mayores y en la lírica popular, a veces con tono de desengaño amoroso más que de amistad.
La estructura bimembre —«a X y a Y, no hay Z»— es típica de los refranes castellanos de filiación latina y se documenta en colecciones de los siglos XVI y XVII.
Cuándo se usa
Se usa en conversación de desahogo o de advertencia, cuando alguien se queja de que un amigo cercano lo dejó de buscar, o cuando un pariente se queja de que otro familiar emigró y se olvidó de los suyos. También se aplica al desengaño amoroso: «Se fue y ya no supe de él, a muertos y a idos, no hay amigos».
Es un refrán que ha perdido fuerza con la generalización de las redes sociales —hoy se sabe de los ausentes más que nunca—, pero conserva su valor cuando se aplica a muertes recientes, mudanzas antiguas, amistades rotas por el tiempo.
Ejemplo
—Llamé a la casa de doña Lupe para darle el pésame, y nadie contestó. ¿Tú crees que sus hijos me recordarán? —A muertos y a idos, no hay amigos. La Lupe era quien te quería, no sus hijos. Acostúmbrate.
Curiosidad lingüística
El doblete «muertos e idos» es un recurso estilístico del refranero que refuerza la idea por acumulación: el ausente definitivo (muerto) y el ausente provisional (ido) se equiparan, porque en ambos casos el lazo se deshace. La estructura es un caso de cláusula polar negativa categórica —«no hay»— que, por su brevedad, no admite matices: no hay, no quedan, no se mantienen.
Variantes
- «A muertos y a idos, no hay amigos» (forma canónica).
- «Ojos que no ven, corazón que no siente» (pariente conceptual más extendido).
- «Amigo de lejos, amigo de pendejo» (variante irónica, mexicana).
- «El muerto y el ido, en cuanto se va, se olvida» (forma literaria).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).