Al amigo, con su vicio
Al amigo, con su vicio
Significado
Recomienda aceptar a los amigos como son, con sus defectos y manías, sin pretender corregirlos ni juzgarlos con la vara con que se mide a un desconocido. La amistad verdadera no exige perfección: convive con la peculiaridad, la costumbre, el «vicio» entendido en su sentido amplio (costumbre arraigada, manía, defecto conocido).
Lleva implícita una segunda enseñanza: quien solo quiere a sus amigos por el beneficio que le reportan, en realidad no los quiere. La frase «con su vicio» es también un aviso para el amigo: «te acepto tal como eres, pero no te confundas pensando que ese vicio me es indiferente».
En resumen, el refrán pide respeto y tolerancia, pero no ingenuidad: se puede señalar el vicio, lo que no se debe es romper la amistad por causa de él.
Origen
Es un refrán de origen castellano, documentado desde el siglo XVII en colecciones como las de Gonzalo Correas (Refranes que dicen las viejas tras el fuego, 1627) y reflotado por José María Sbarbi en su Diccionario de refranes (1922). Su difusión al español de México llegó por vía oral a través de los siglos coloniales, y se asentó en la cultura novohispana como una máxima de la amistad llana, sin protocolos.
Forma parte de la familia de refranes que combinan la palabra amigo con una imagen doméstica: «Al amigo y al melón, examinarlos son», «Amigo de todos, amigo de nadie» o «Quien te cubre, te descubre». El contraste con esas otras sentencias —que desconfían de la amistad fácil— enriquece el campo: hay vicios del amigo que se toleran y otros que no.
Cuándo se usa
Es un refrán de consejo interpersonal. Funciona bien:
- Cuando alguien se queja de un amigo íntimo por una manía conocida de antemano.
- En la sobremesa, justificando por qué no se rompe una amistad larga por un defecto menor.
- En tono admonitorio, para recordar que las personas no son sus vicios.
No es adecuado en relaciones asimétricas (jefe-empleado, médico-paciente), donde la tolerancia con el vicio ajeno puede encubrir un abuso.
Ejemplo
—Es que Juan llega siempre media hora tarde a todo. —Sí, pero es Juan. Al amigo, con su vicio. Si te molestara tanto, no sería tu amigo desde hace veinte años.
Curiosidad lingüística
La palabra «vicio» en español antiguo y popular no se reduce al sentido moral moderno. Designa también una costumbre arraigada, una inclinación habitual —no necesariamente mala—. De ahí que «tener el vicio de leer» o «el vicio de la puntualidad» sean giros aceptados. El refrán juega precisamente con esa ambigüedad: no denuncia un pecado, sino una característica estable del carácter del amigo.
Variantes
- «Al amigo, con su vicio, y al enemigo, con su resabio» (forma extendida).
- «A cada amigo, su vicio, y a cada santo, su milagro» (pariente burlesco).
- «Amigos y vicios, los más viejos son los mejores» (pariente jocoso moderno).
- «Quien no tolera un vicio, no merece una amistad» (reformulación didáctica).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Sbarbi, José María. Diccionario de refranes (1922).