Afeites de mujer y cielo aborregado, duran lo que un nublado
Afeites de mujer y cielo aborregado, duran lo que un nublado
Significado
Compara la belleza artificial de la mujer (los afeites, los cosméticos, los adornos) con el cielo aborregado —esas nubes blancas, redondas, apiñadas como un rebaño de ovejas, que suelen cubrir el cielo al amanecer o al atardecer y que, según la experiencia, se disipan con rapidez—. Y sentencia que ambas cosas duran lo que un nublado: lo justo, lo efímero, lo que está de paso.
Es un refrán doble y misógino a la vez: por un lado compara el adorno femenino con un fenómeno meteorológico (lo que coloca a la mujer en una categoría de objeto natural, no de sujeto); por otro, denuncia la inestabilidad de los afeites, que con el sudor, el viento, el beso, la lluvia, se desvanecen. La imagen del cielo aborregado es la medida del desengaño: ni la cara empolvada ni el cielo manchado de ovejas duran lo que se espera.
Origen
Es un refrán castellano de tradición muy antigua, con paralelos en otras lenguas romances (en italiano, «Bellezza e cielo a pecorelle, duran poco e van lor via»). Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627), y desde entonces ha circulado con variantes menores. La comparación meteorológica es típica del refranero castellano del Siglo de Oro, cuando la observación del cielo era materia de conseja.
En México se mantuvo vivo en la conversación del siglo XX, sobre todo en el habla rural y conservadora, donde la idea de la belleza artificial femenina se veía con suspicacia moral. Hoy está en desuso y se considera una expresión de su tiempo, que refleja una mirada hoy superada sobre el adorno femenino.
Cuándo se usa
Se usaba en conversación de crítica a la vanidad, especialmente cuando una mujer presumía de un arreglo excesivo o cuando un afeite se deshacía en público. Hoy, si se cita, es con conciencia histórica: para mostrar cómo la cultura tradicional juzgaba los cosméticos. Se aplica también al cielo aborregado mismo, como aviso de cambio de tiempo: «Mira qué nublado tan bonito, pero ya sabes: afeites de mujer y cielo aborregado, duran lo que un nublado».
No es un refrán de uso actual en la conversación cotidiana. Pertenece al archivo cultural, y se cita en la literatura, en la prensa, en el comentario sociológico.
Ejemplo
—Se pintó toda para ir a la feria, y a las dos horas ya estaba como payaso de tanto sudor. —Eso pasa siempre. Afeites de mujer y cielo aborregado, duran lo que un nublado. Antes lo decía mi abuela, y no le faltaba razón.
Curiosidad lingüística
La forma es una cláusula bimembre con comparación meteorológica: «afeites de mujer» y «cielo aborregado» se equiparan por la cualidad común de la efimeridad. El adjetivo «aborregado» es de uso poco común en el español estándar (significa «cubierto de nubes que parecen un rebaño»), y su empleo le da al refrán un aire técnico-poético. En retórica, este procedimiento se llama paragone (comparación de dos términos por sus propiedades). La métrica es heptasílaba en las dos primeras cláusulas y endecasílaba en la última, con rima consonante en -ado/-ado/-ado.
Variantes
- «Afeites de mujer y cielo aborregado, duran lo que un nublado» (forma canónica).
- «Cara pintada, cara lavada» (pariente conceptual, sin la imagen meteorológica).
- «Lo que el viento se llevó» (pariente conceptual, sin connotación de género).
- «Cielo aborregado, antes de tres días, agua al lado» (pariente conceptual, sólo meteorológico).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).