Agosto y septiembre, no duran siempre
Agosto y septiembre, no duran siempre
Significado
Advierte que los tiempos buenos son pasajeros y que conviene ahorrar y prevenir antes de que llegue la escasez. La imagen es agrícola: agosto y septiembre son meses de cosecha, de vendimia, de granero lleno; pero el ciclo sigue su curso y el invierno llega con su frío y su hambre.
Aplicado a la vida cotidiana, el refrán recomienda:
- No confiarse de la bonanza económica pensando que será eterna.
- Guardar una parte de la cosecha —material o de dinero— para los meses difíciles.
- Aceptar que toda abundancia tiene su contraparte estacional.
En su sentido más general, la sentencia es una invitación a la prudencia cíclica: quien solo vive el presente, sufre doblemente cuando el presente cambia.
Origen
Es un refrán de tradición castellana con hondas raíces agrícolas. Aparece recogido en refraneros del siglo XIX y pervive en la memoria campesina de España y de México, donde el calendario de las cosechas estructura la vida rural. Su presencia en el altiplano mexicano se documenta en el Refranero mexicano de Herón Pérez Martínez, que lo vincula al ciclo del maíz y de las primeras vendimias de agave.
Forma parte de la gran familia de refranes que avisan del carácter cíclico del tiempo: «A cada año, su agosto», «Después de la vendimia, el mosto se agria» o «La fortuna se va, vuelve y se marchita». Todos comparten la idea de que la abundancia malgastada se convierte después en escasez.
Cuándo se usa
Es un refrán económico y doméstico. Se escucha en contextos campesinos, en conversaciones sobre el presupuesto familiar, en críticas a gobiernos que gastan en tiempos de bonanza y se endeudan después. Resulta adecuado para aconsejar a quien está en plenitud —de salud, de dinero, de afectos— y no piensa en el mañana.
No es adecuado para contextos trágicos: no se le dice a alguien que acaba de perderlo todo.
Ejemplo
Mi abuelo siempre repetía lo mismo cuando le iba bien en la cosecha: «agosto y septiembre, no duran siempre», y apartaba la mitad del grano en un costal aparte. Cuando llegaban los meses fríos, su casa era de las pocas en el pueblo donde no se pasaba hambre.
Curiosidad lingüística
El refrán construye su fuerza con una enumeración temporal concreta —agosto y septiembre—, frente a la fórmula abstracta «el tiempo bueno no dura». Esa precisión calendárica lo liga al hemisferio norte, donde la cosecha coincide con el final del verano. En el sur —donde los ciclos son otros— el mismo lugar común adopta otras fechas: en el Cono Sur, enero y febrero son los meses de vacaciones, y un refrán análogo diría «enero y febrero, no duran siempre».
Variantes
- «Agosto y septiembre, no son siempre» (forma alterna, menos común).
- «Las vendimias de agosto y septiembre no son eternas» (forma explicativa, moderna).
- «A buena vendimia, buen invierno espera» (pariente conceptual).
- «Cosecha de un año, hambruna de otro» (pariente en la tradición castellana).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).