De padres gatos, hijos michinos
De padres gatos, hijos michinos
Significado
Afirma, con tono festivo, que es lógico que los hijos se parezcan a los padres. La imagen es muy mexicana: si el padre es un gato (en el sentido jergal de ratero, astuto, callejero), el hijo será un michino (en la escala zoológica del barrio, un gato de baja ralea, de mala suerte, ladino). La fórmula aplica la sabiduría del corral a la genealogía humana, y lo dice con un humor que no perdona, pero que tampoco condena: describe, sin moralizar.
La forma es la de un refrán zoológico-genealógico del tipo «de A, B». Pertenece a la familia de las comparaciones con animales —«De tal palo, tal astilla», «Cría cuervos y te sacarán los ojos», «Perro que ladra no muerde»— donde el comportamiento humano se explica por ascendencia. Lo específico de este es que usa el léxico jergal del bajo mundo: gato y michino no son aquí los felinos domésticos, sino personajes del hampa popular.
Origen
Es un refrán castellano con fuerte raigambre en el habla popular mexicana, documentado al menos desde el siglo XIX. La fórmula combina dos términos jergales de los barrios bajos de la Ciudad de México: gato, que en el caló mexicano designa al ratero de poca monta, y michino, diminutivo despectivo de micho (gato callejero en buena parte del altiplano), y que se aplica al hijo del ratero, como heredero de la especie y del oficio.
La fórmula dialoga con otros refranes del mismo campo semántico: «Hijo de gato, caza ratón» (que dice exactamente lo contrario, en positivo), «Cría cuervos y te sacarán los ojos», «De casta le viene al galgo». Herón Pérez Martínez lo incluye en su Refranero mexicano como ejemplo de refrán de animales aplicado a personas, una categoría que, en el acervo mexicano, es mucho más nutrida que en el castellano peninsular.
Cuándo se usa
Es un refrán de humor afilado y de observación genealógica. Se usa cuando se reconoce en un hijo el oficio o la maña del padre, o cuando un vecino pretende ocultar su origen. Funciona muy bien en la conversación de barrio, entre conocidos, y en comentarios sobre la política local, donde la continuidad dinástica es la regla y no la excepción. Conviene en contextos coloquiales; en presencia del aludido, es directamente ofensivo.
Ejemplo
—Mira al hijo del «Güicho»: ya anda en el mercado, cuidando dónde queda la cartera de los compradores. —Pues claro, mija. De padres gatos, hijos michinos. La casta no se pierde.
Curiosidad lingüística
Es un refrán donde la jerga del bajo mundo entra a la frase proverbial sin perder su sabor. Ese tránsito del caló a la paremiología es una de las marcas del refranero mexicano, mucho más permeable a los registros bajos que el castellano peninsular. La fórmula, además, ofrece un caso de escalamiento descendente: del gato (con su dosis de astucia) al michino (con su dosis de mala suerte), y de ahí al hijo del gato, que es siempre peor. Esa gradación es la que da al refrán su aire de sentencia inapelable.
Variantes
- «Gato viejo y ratón tierno, hacen gato nuevo» (paralelo, sin jerga).
- «Hijo de gato, caza ratón» (pariente positivo).
- «De casta le viene al galgo» (pariente estructural, castellano).
Fuente
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).