El diablo, harto de carne, se metió a fraile
El diablo, harto de carne, se metió a fraile
Significado
Recrimina a quien cambia de costumbres sólo cuando ya no tiene fuerzas para mantenerlas, no por convicción. El viejo vividor, hartos los huesos del desmadre, acaba haciéndose beato y alardeando de una virtud que en realidad no es más que agotamiento. La frase conjuga dos figuras muy del calendario barroco —el diablo y el fraile— para producir un contraste hiriente: donde antes había carne, ahora hay cilicio; donde antes había lujuria, ahora hay rezo; pero el cambio no es de fondo, es de calendario.
La crítica es aplicable a tres figuras típicas:
- El anciano arrepentido que presume de una juventud en la que no paró quieto.
- El ex vividor reconvertido en predicador que se escandaliza ahora de lo que antes practicaba.
- Cualquier converso tardío que se vuelve el censor más severo de las costumbres que abandonó.
La fórmula es de una ironía demoledora y tiene parentesco con otra bien conocida: «De músico, poeta y loco, todos tenemos un poco», pero a la inversa: «de predicador, beato y converso, también todos tenemos un poco», aunque sea un poco avergonzado.
Origen
Es un refrán castellano del Siglo de Oro, con raíces en la literatura satírica contra los frailes hipócritas. La imagen del diablo harto de carne recuerda a los sermones de Fray Luis de León y a las estampas satíricas de Quevedo, que en Sueños y discursos se mofaba sin descanso de los religiosos entregados a la buena mesa. Gonzalo Correas lo recogió en su Vocabulario de refranes (1627) bajo una forma muy cercana a la actual.
Su difusión en México se dio con la literatura colonial, y muy especialmente con la tradición oral conventual, donde frailes y monjas se contaban mutuamente historias de compañeros de oficio que «dejábanlo todo por hartazgo, no por virtud». La Academia Mexicana de la Lengua lo recoge dentro del apartado «Refranes de Excesos» del Refranero multilingüe.
Hoy está en desuso como expresión cotidiana, pero sobrevive en la literatura moral y en las columnas periodísticas que critican a los conversos recientes. Su fuerza retórica es, en buena medida, intemporal: cada generación produce sus conversos de último momento, y el refrán sigue dando con ellos.
Cuándo se usa
Es un refrán sarcástico y de regaño, dirigido a personas que presumen de una virtud reciente que no se compadece con su pasado. Funciona muy bien en pláticas de café, en columnas de opinión, en sátiras literarias, en crítica política cuando un personaje cambia de discurso.
No es un refrán para usarlo en presencia del aludido ni en contextos donde la crítica pueda leerse como venganza. Se usa mejor como diagnóstico compartido entre dos interlocutores que están de acuerdo en el juicio.
Ejemplo
—¿Viste que el viejo casanova del barrio ahora se la pasa en la iglesia? —Sí, hijo. Eso dice el refrán: el diablo, harto de carne, se metió a fraile. Lo que no pudo hacer de joven, lo disfraza de arrepentido de viejo.
Curiosidad lingüística
La metáfora gastronómica («harto de carne») aplicada al diablo es típicamente barroca: el maligno aparece como un glotón, y su arrepentimiento no es místico sino digestivo. Esa inversión de lo sagrado en culinario es uno de los hallazgos más logrados del refranero castellano, y emparenta al refrán con otros muchos del mismo talante: «Vino y viejas, cuanto más, peor», «El que come y no convida, tiene el diablo en la barriga».
Variantes
- «Viejo verde, beato a la fuerza» (forma coloquial, más cruda).
- «Cuando la carne es mucha, el alma se hace fraile» (variante culta).
- «El que fue a la guerra, volvió a la aldea» (pariente conceptual, sobre el converso).
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).
- Pérez Martínez, Herón. Refranero mexicano (Academia Mexicana de la Lengua, edición en línea).