Febrerillo loco, con sus días veintiocho

Febrerillo loco, con sus días veintiocho

Febrerillo loco, con sus días veintiocho

Significado

El refrán describe el carácter caprichoso e inestable de febrero, el mes más corto del calendario y, según la observación campesina, el más variable en lo meteorológico. En sólo veintiocho días —veintinueve en los años bisiestos—, febrero puede traer frío intenso, lluvias inesperadas, nevadas tardías, heladas traicioneras y vientos huracanados, sin que el agricultor pueda contar con un patrón estable.

La consecuencia agrícola es directa: en febrero se siembran los cereales de invierno, se podan las vides, se atiende al ganado más débil; cualquier cambio brusco de temperatura echa a perder el trabajo de semanas. El refrán recoge esa zozobra del campesino que mira el cielo sin saber a qué atenerse: en enero, aunque hace frío, al menos hace frío de verdad; en febrero puede helar a mediodía y diluviar a la tarde.

El diminutivo «febrerillo» no es casual: el mes, al ser el más corto, parece un niño caprichoso, que se mueve y se revuelve sin motivo. La imagen es, en el fondo, una personificación cariñosa y resignada del mes más difícil del año agrícola.

Origen

Es un refrán castellano antiquísimo, documentado desde la Edad Media. Gonzalo Correas lo recoge en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627) con la forma «Febrerillo loco, con sus días veintiocho», que es la que ha llegado hasta hoy. Tiene paralelos exactos en las principales lenguas romances:

Esta difusión muestra que la observación meteorológica es panrománica: la inestabilidad de finales del invierno se vive igual en la meseta castellana que en la Lombardía, y por eso el refrán cristalizó en formas muy parecidas en lenguas distintas. En México entró con la colonización y se adaptó a los ciclos agrícolas del altiplano, donde febrero sigue siendo un mes traicionero, sobre todo en las zonas templadas.

Cuándo se usa

Es un refrán de observación meteorológica, todavía en uso entre la gente mayor del campo y en la conversación popular urbana cuando febrero se muestra más loco de lo habitual. Se usa para:

En contextos urbanos ha quedado como refrán de calendario, citado más por la sonoridad de su rima que por su valor informativo. En la era del cambio climático, además, ha cobrado una actualidad irónica: febrero se está volviendo cada vez más extremo.

Ejemplo

El viejito del mercado acomodaba sus plantas bajo el sol y le decía a la clienta: «No se confíe, señora, que estamos en febrerillo loco, con sus días veintiocho. El lunes le cayó una helada, hoy hace calor, y mañana quién sabe. Estas plantas no saben ni para dónde agarrar».

Curiosidad lingüística

El refrán es un caso de personificación meteorológica: al mes se le aplica el adjetivo «loco», propio de los seres humanos, y con el diminutivo «febrerillo» se le da un tratamiento casi infantil, cariñoso. La rima consonante loco / veintiocho ayuda a la memorización, y la métrica es la de un octosílabo castellano, perfecta para decirlo en un solo golpe de voz. Es, además, un refrán panrománico, lo que lo convierte en una pequeña muestra de la unidad cultural del occidente europeo medieval: el clima, los calendarios y el campo eran tan parecidos de un lado a otro de los Pirineos que las observaciones cristalizaron en paremias casi idénticas.

Variantes

Fuente

Febrerillo loco, con sus días veintiocho
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Categorías: F, Refranes de Meteorología · 15 de abril de 2021

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Referencias