Febrero, cebadero

Febrero, cebadero

Febrero, cebadero

Significado

El refrán, muy breve y muy directo, asegura que la lluvia caída en febrero garantiza la cosecha de cebada. La palabra cebadero es la clave: es un adjetivo de significación agrícola, formado sobre cebada con el sufijo -dero (que en castellano medieval y en el habla rural designa «lugar, tiempo o aptitud para»), y que aquí funciona como «febrero cebadero», es decir, «febrero apto para cebar la cebada», o más exactamente «febrero, tiempo de cebar la cebada».

La observación es meteorológica y agronómica a la vez: las lluvias de finales del invierno son las que preparan el terreno para la siembra de la cebada de primavera, cereal básico para el ganado y para la fabricación de pan en zonas de secano. Si febrero carga bien de agua, el grano se desarrolla con vigor; si febrero es seco, la cebada se queda raquítica y la cosecha se pierde.

La forma es la de un refrán-retrato: en dos palabras —febrero, cebadero— condensa un saber agrario milenario. La rima y la brevedad lo hacen muy fácil de recordar, que es justamente lo que necesita un dicho que el agricultor debe tener presente a la hora de sembrar.

Origen

Es un refrán castellano de raíz agrícola, emparentado con la amplia familia de refranes que asocian los meses del año con un cereal, una faena o un santo. Forma parte del ciclo de los refranes del calendario, que dicen: «Por San Blas, la cigüeña verás; por Santa Lucía, crece el día una hora», y similares. Este tipo de paremias nacieron en los monasterios y en las comunidades agrarias medievales, y se fijaron por escrito en los refraneros renacentistas (Vallés, 1549; Mal Lara, 1568).

La presencia del término cebadero y su relación con la cebada sitúan al refrán en la tradición cerealista castellana, en las mesetas de secano del centro y del norte peninsular. Herón Pérez Martínez lo recoge en su Refranero mexicano como ejemplo de la influencia de los ciclos agrícolas europeos en la Nueva España, donde la cebada fue uno de los cereales introducidos desde el siglo XVI.

Cuándo se usa

Es un refrán de cosecha y meteorología, hoy en desuso entre las nuevas generaciones pero todavía vivo en la conversación de los agricultores viejos del altiplano. Se usa:

En la ciudad ha perdido casi todo su valor informativo y se ha convertido en pieza de anticuario lingüístico, citada por su sonoridad y por la sorpresa de un adjetivo tan raro como cebadero.

Ejemplo

El viejo del rancho revisaba los surcos después de las primeras lluvias de febrero y le decía al nieto: «Mira, mijo, si en esto cae un buen aguacero, ya la hicimos. Febrero, cebadero, decía mi padre. Y tenía razón, porque la cebada es de las que se crían con agua fría, no con calor».

Curiosidad lingüística

El adjetivo cebadero es un monstruo morfológico delicioso: en castellano estándar no se usa, y aparece sólo en refranes y en documentación histórica. Su formación es la misma de matadero, lavadero, cocinero: sufijo -dero con valor de «lugar o tiempo apto para». Aquí, sin embargo, no designa un lugar, sino un tiempo: el mes de febrero. Es un caso de sinécdoque temporal: el mes vale por la estación; la lluvia de febrero vale por la cebada de la cosecha siguiente. La brevedad —apenas dos palabras— es un récord en el refranero y por eso la fórmula se ha mantenido intacta durante siglos.

Variantes

Fuente

Febrero, cebadero
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Categorías: F, Refranes de Meteorología · 15 de abril de 2021

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Referencias