Mucho donaire causa desaire
Mucho donaire causa desaire
Significado
El refrán condena el exceso de gracia, de chiste, de ingenio rápido, de palabra chispeante. Quien procura ser el alma de todas las reuniones, el que apostilla cada conversación con un donaire, el que convierte toda materia —grave o leve— en materia de broma, termina por producir el efecto contrario al que busca: en vez de ganarse la admiración del auditorio, provoca el hartazgo, la indiferencia, el rechazo. El “desaire” —etimológicamente, “falta de aire”, es decir, falta de espíritu, de gracia, de presencia— sobreviene precisamente cuando se ha abusado del aire festivo.
La observación es, en el fondo, una variante del principio aristotélico de la “mediación” o mesura: toda virtud, llevada al exceso, se convierte en vicio. La prudencia se vuelve pusilanimidad, la valentía temeridad, la justicia crueldad, y la gracia, en su extremo, bufonería. El refrán castellano lo aplica al donaire —la virtud social de saber encontrar el lado cómico de las cosas— para recordar que la medida es la condición de toda excelencia. Una broma dicha a tiempo es un regalo; una broma en cada frase es una pesadez.
En el registro ético, la fórmula ha servido para fustigar a los profesionales de la sonrisa, a los “graciosos de oficio” que en las cortes, en los escenarios y en las tertulias se ganaban la vida haciendo reír a costa de la calidad de la conversación. Pero también se ha usado, en el ámbito más íntimo, para invitar a los jóvenes a cuidar el tono de su palabra: la gracia es un condimento, no el guiso entero; quien llena el plato de picante acaba por no probar bocado.
Origen
El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “Mucho donaire causa desaire: el que siempre hace burlas, nadie le toma en serio, ni se hace caso de su palabra”. Tiene paralelos exactos en la tradición clásica —el nimium risus est vilis de los moralistas latinos— y en otras tradiciones romances: el italiano troppo garbo riesce a noia, el francés trop de grâce devient fadeur y el portugués demasiado donaire causa desaire. La común ocurrencia muestra que la observación es universal, y hunde sus raíces en la experiencia milenaria de los bufones, los histriones y los cortesanos, cuya comicidad excesiva acababa por hastiar al auditorio.
Se trata de un refrán popular, actualmente poco usado en su forma exacta, aunque la idea que transmite —la medida como condición de la gracia— conserva toda su vigencia en la conversación cotidiana, donde a menudo se recuerda a los jóvenes, con esta fórmula, que el ingenio es un arte de la economía y no de la prodigalidad. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Excesos, por su crítica del exceso de cualquier cualidad, y por su inclusión del donaire entre los bienes que, administrados con prudencia, deleitan, y administrados sin ella, hastían.
Fuente
- Correas, Gonzalo. Vocabulario de refranes y frases proverbiales (1627).