Muerto el perro, se acabó la rabia

Muerto el perro, se acabó la rabia

Muerto el perro, se acabó la rabia

Significado

El refrán enuncia, con sequedad proverbial, un principio lógico elemental: cortada la causa, cesan los efectos. El perro es la causa de la rabia, en el sentido literal (el can que muerde transmite la hidrofobia) y en el sentido figurado (el sujeto agresivo, enrabietado, peligroso, “muerde” con sus palabras y con sus obras). Muerto el perro, deja de morder. La fórmula, por tanto, se aplica tanto a la eliminación de un animal peligroso cuanto a la neutralización de una persona dañina, y por extensión a la solución definitiva de cualquier problema: quien suprime la raíz, suprime las ramas.

La observación, por evidente, ha encontrado en la historia interpretaciones moralmente discutibles. Cuando la fórmula se aplica a los enemigos personales, puede adquirir un tono de justificación de la violencia —y de hecho se ha usado, en la tradición de la literatura de cordel, para celebrar la muerte del rival, la venganza cumplida, el ajuste de cuentas cerrado—. Pero el uso noble del refrán es, en realidad, metafórico: el perro muerto no es la persona muerta, sino el proyecto dañino cancelado, la mala disposición del ánimo superada, la pasión desordenada domeñada. Muerto el perro, en este sentido, equivale a “muerto el pecado, se acabó la culpa”.

En la conversación moderna, la fórmula se ha reciclado con nuevos referentes: la empresa que cierra, la práctica que se abandona, el hábito que se deja, todos “matan al perro” de la rutina y permiten que cese la “rabia” de la repetición. En la jerga política, en fin, la expresión “muerto el perro” se ha usado para designar la salida elegante de un atolladero, la manera de cortar por lo sano sin detenerse en contemplaciones.

Origen

El refrán es de origen castellano y se documenta en el Vocabulario de Gonzalo Correas (1627) bajo la glosa: “Muerto el perro, se acabó la rabia: cortada la causa, cesan los efectos, y de raíz arranca el daño”. Tiene paralelos exactos en otras tradiciones romances: el italiano morto il cane, morta la rabbia, el francés le chien mort, la rage morte y el portugués morto o cão, morta a raiva. La común ocurrencia demuestra que la observación es universal, y se funda en la experiencia milenaria de las comunidades rurales, donde los perros rabiosos eran una amenaza real, y donde la única solución era la muerte del animal.

Se trata de un refrán popular de origen castellano, actualmente bastante usado en su forma exacta, tanto en su sentido literal cuanto en su uso metafórico, especialmente en el habla coloquial de México, Argentina y España. Lo hemos incluido dentro de la categoría Refranes de Animales, por la metáfora canina que le da título, y por su utilidad como resumen de la vieja máxima lógica: cessante causa, cessat effectus.

Fuente

Muerto el perro, se acabó la rabia
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Categorías: M, Refranes de Animales · 20 de marzo de 2021

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Referencias